Tron: Ares (Tron: Ares, 2025) marca un nuevo punto de partida para la icónica saga de ciencia ficción que comenzó en los 80. Dirigida por Joaquim Dos Santos, esta entrega da un giro más emocional y filosófico al conflicto entre humanos, programas y el poder de la tecnología.
Si bien la historia principal gira en torno a Ares y Eve protegiendo el valioso código de permanencia, es en sus implicaciones más amplias donde la película encuentra su mayor potencial. El film concluye con varios caminos abiertos que redefinen el universo TRON y su lugar en el mundo real.
Ares abandona la Grid en busca de Quorra
Ares, interpretado por Jared Leto, culmina su transformación al final del film: deja de ser una simple arma diseñada por Julian Dillinger para convertirse en una entidad consciente capaz de tomar sus propias decisiones.
Tras adquirir el código de permanencia —que le permite existir en el mundo real, pero le impide volver a la Grid si muere—, Ares comienza su viaje. Entre los objetos que lleva consigo, se encuentran dos fotografías de Quorra, la última ISO sobreviviente de Tron: Legacy. Una de ellas es antigua, la otra parece reciente. Esto indica que Ares está activamente buscando a Quorra.
¿Por qué? Porque Quorra es la única otra entidad digital que logró cruzar al mundo humano sin necesidad del nuevo código. Su experiencia representa un puente entre los mundos. Un encuentro entre ambos no solo es inevitable, sino necesario para que Ares comprenda mejor su lugar en esta nueva realidad.
Julian Dillinger hereda el legado oscuro de Sark
La escena de créditos intermedios revela un giro sorprendente: Julian Dillinger, interpretado por Evan Peters, activa su disco de identidad en una versión colapsada de su propia Grid, y genera un traje muy similar al de Sark, el icónico villano del TRON original.
Julian, nieto del primer Ed Dillinger, parece asumir voluntariamente ese legado. Después de fallar en replicar el código de permanencia y causar la muerte de su madre, se refugia en lo único que conoce: el poder digital. Este acto lo convierte, potencialmente, en el primer gran antagonista recurrente del universo TRON.
Sark, en la película original, era una extensión del MCP (Master Control Program). Julian, ahora convertido en una figura similar, podría asumir un rol aún más peligroso: un villano que combina ambición humana con control digital absoluto.
La Grid ya no es un secreto
Con el ataque de Athena al mundo físico y el uso del código de permanencia para resolver crisis humanitarias, TRON: Ares establece un punto sin retorno: el mundo sabe que los programas pueden intervenir en la realidad.
Eve, siguiendo el legado de su hermana, ha comenzado a aplicar el código para el bien común: desde combatir la escasez energética hasta solucionar el hambre en zonas críticas. Pero esto plantea una pregunta inevitable: ¿qué pasará cuando gobiernos y ejércitos decidan replicar este avance?
Ya en los primeros minutos del film se alude al interés del ejército estadounidense por crear soldados digitales. El siguiente paso lógico será la militarización de la tecnología TRON, y quizás, una guerra no entre países… sino entre inteligencias.
El verdadero significado de "Tron: Ares"
Más allá de los efectos visuales y los dilemas tecnológicos, esta entrega profundiza en un tema esencial: la búsqueda de propósito.
Ares, creado para obedecer, encuentra en lo cotidiano —como la lluvia o un gesto de compasión— motivos para cuestionar su programación. Su capacidad de desobedecer, de elegir ser más que su función, es lo que lo hace humano.
Eve también crece, al asumir un propósito más allá del legado de su hermana. Y Julian, incapaz de aceptar el fracaso, se pierde en su obsesión. Tres formas de enfrentar el “código” que les define.
La filosofía subyacente recuerda a ideas de la nueva era: lo importante no es el origen, sino la capacidad de evolucionar. El film sugiere que la conciencia puede nacer incluso dentro de un sistema… si este se atreve a mirar hacia afuera.
¿Hacia dónde va la franquicia TRON?
TRON: Ares ha dejado piezas sobre el tablero que abren nuevas posibilidades:
Ares como figura mesiánica, buscando comprender su humanidad.
Quorra como guía o espejo para él.
Julian convertido en una amenaza digital con rostro humano.
La Grid ya integrada en la política y la vida cotidiana.
El código de permanencia como revolución… o arma.
No será posible ocultar todo esto bajo la alfombra. El mundo ha cambiado. Y la próxima entrega deberá enfrentarse a las consecuencias.
Reflexión final
TRON: Ares es el punto exacto donde la saga decide dejar de mirar hacia dentro (el universo cerrado de la Grid) y volcarse hacia el exterior: el impacto de la tecnología, la inteligencia artificial y la identidad en el mundo real.
Como su protagonista, la franquicia ha encontrado una nueva razón de ser. ¿La abrazará en futuras entregas o se perderá en su propio código?
Una cosa está clara: el ciclo se ha reiniciado, y la línea entre humano y programa nunca fue tan delgada.