Un atraco en las alturas
El avión del dinero (
Money Plane, 2020) se vende como un thriller de acción con un punto delirante: un casino secreto que solo funciona en el aire y donde se reúnen los criminales más peligrosos del mundo.
Jack Reese (
Adam Copeland), ladrón profesional y exjugador, acepta el trabajo de su vida para saldar una deuda con el mafioso Darius Grouch III, alias *The Rumble* (
Kelsey Grammer). Con su equipo —Isabella (
Denise Richards), Trey (
Matthew Lawrence) e Iggy (
Andrew Lawrence)— planea infiltrarse en el avión, hackear los servidores y robar tanto criptomonedas como dinero en efectivo.
La trampa de The Rumble
Lo que Jack desconoce al inicio es que el encargo es una trampa: el cuadro que intentó robar al principio ya pertenecía a The Rumble, que solo lo utilizó para ponerlo contra las cuerdas. Su objetivo real era tener a Jack y a su equipo como carne de cañón para una operación suicida.
Aun así, los ladrones logran abrirse paso: Isabella liquida a un guardia, Trey gana partidas imposibles de póker y hasta ruleta rusa, mientras Jack controla la cabina. En paralelo, Harry (
Thomas Jane), el mejor amigo de Jack, protege a la familia y descubre la conspiración, armando un plan alternativo para vengarse del mafioso.
Final explicado de "El avión del dinero"
Cuando todo parece perdido, el equipo cambia de estrategia. Renuncian a quedarse con el dinero del atraco y en su lugar lo distribuyen en causas benéficas, atacando así a los propios millonarios corruptos que usaban el casino.
En un movimiento maestro, Jack retransmite por la radio del avión un audio incriminatorio de The Rumble, revelando su identidad y su plan de robar al Money Plane. Eso convierte al mafioso en objetivo de sus propios socios, sellando su caída. Mientras tanto, el grupo escapa del avión por la compuerta de emergencia, dejando que los fajos de billetes vuelen en el aire.
La jugada final: el verdadero golpe
El epílogo, ambientado tres meses después, revela la sorpresa: Jack y los suyos habían robado en secreto *The Disturbing Duckling*, el cuadro del principio, cuyo valor ascendió a 60 millones. Con el dinero repartido entre todos, incluido Harry, la banda consigue el retiro dorado que parecía imposible.
Cierre: la ironía del botín
El avión del dinero se despide como empezó: entre excesos y giros improbables. La moraleja no está tanto en el robo aéreo, sino en la doble jugada que convierte a The Rumble en su propia víctima.
Como si de una sátira del cine de atracos se tratara, la película sugiere que a veces el verdadero premio no es el más evidente, y que la última carta siempre puede estar escondida en un lienzo olvidado en un almacén.
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