Un duelo familiar convertido en pesadilla
La verdad sobre mi madre (
Did I Kill My Mother?, 2018) parte de un planteamiento muy Lifetime: Natalie, interpretada por
Megan Park, discute con su madre una noche cualquiera y a la mañana siguiente la encuentra muerta en la cocina. Un año antes su padre había fallecido en un “accidente” sospechoso, por lo que la policía pone rápidamente a la hija como principal sospechosa.
Lo que parecía un drama doméstico se convierte en una trama de conspiraciones con tintes de cine negro, donde mafias locales, expedientes borrados y un policía demasiado cercano esconden una verdad que va mucho más allá de lo personal.
Sospechas, mentiras y giros inesperados
A medida que avanza la investigación, los sospechosos se multiplican: Ethan, el novio celoso que conduce un llamativo coche amarillo; Shelby, la amiga bartender que parece saber demasiado; e incluso Brody (
Stephen Colletti), un escritor de crónica negra que se obsesiona con Natalie y su familia.
Los detectives se centran en contradicciones del relato de la protagonista, reforzando la sensación de que todo está en su contra. Natalie, harta de ser tratada como culpable, empieza a investigar por su cuenta y descubre irregularidades en el caso de su padre. Lo perturbador: los archivos que implican a la policía fueron manipulados, y la detective que la interroga estaba de guardia la noche en que su padre murió.
Final explicado de "La verdad sobre mi madre"
El desenlace revela que Nick, el jefe de policía y supuesto protector de la familia, era en realidad el asesino. Estaba involucrado con la mafia local y, cuando los padres de Natalie se acercaron demasiado a descubrir su corrupción, los eliminó. Primero al padre, con un montaje de accidente; después a la madre, usando un pisapapeles como arma.
Nick incluso llega a incriminar a Natalie, arrestándola y planeando cerrar el caso culpándola de todo. Pero la verdad se abre paso: la detective rival y Brody consiguen pruebas que lo vinculan a la escena. En el clímax, tras un forcejeo, Nick es finalmente reducido y arrestado.
La última secuencia muestra a Natalie reconciliándose con el recuerdo de su madre, evocando un momento íntimo en el que compartieron un vaso de agua y unas palabras de cariño. Una despedida melancólica después del torbellino de engaños.
Entre clichés y pequeños aciertos
El guion sigue la fórmula de Reel One Productions: giros constantes, un toque de romance improvisado y un villano cercano que nunca levanta sospechas hasta el final. Aunque el resultado puede sentirse predecible, el contraste entre Natalie como víctima potencial y como investigadora improvisada le da cierta frescura.
El desenlace recuerda a otros thrillers televisivos como "La vecina sospechosa", donde el verdadero peligro estaba demasiado cerca de casa. Aquí, el giro de descubrir al amigo de la familia como asesino resuena con ese miedo de que “los monstruos” no siempre vienen de fuera.
Cierre: confiar en uno mismo
El final de
La verdad sobre mi madre se convierte en una metáfora sencilla: más allá de las acusaciones externas y los juegos de poder, la protagonista aprende a confiar en su propio instinto. La escena de las batatas fritas compartidas entre amigos funciona como bálsamo tras la tormenta, un cierre ligero que contrasta con el crimen.
Como si se tratara de un eco de novela pulp, la película insiste en que incluso en los entornos más cotidianos la traición puede esconderse bajo un uniforme, un vecino amable o un amigo de confianza. Y ahí radica su guiño irónico: en este tipo de thrillers, la familia y la policía nunca están libres de sospecha.
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