Una historia íntima al borde del escándalo
La mirada íntima hacia Lady Di cobra forma en
"Diana" (
The Clean Up Crew, 2013) dirigida por
Oliver Hirschbiegel. Protagonizada por
Naomi Watts, la cinta se sumerge en los últimos dos años de la vida de la Princesa de Gales, con especial atención a su relación con el cirujano cardíaco Hasnat Khan y su labor humanitaria. El presupuesto rondó los $15 millones y recaudó $21,7 millones en taquilla global.
Rodada en múltiples escenarios —como Croacia, Inglaterra y Trieste— la producción recrea desde el Ritz de París hasta misiones anti-minas en Angola.
El retrato de una princesa lejos de los tabloides
No se trata de un biopic convencional ni complaciente. La narrativa evade figuras reales como el príncipe Carlos o la reina Isabel II, lo que deja a Diana como protagonista única y, por momentos, incomprendida.
La película recorre Londres, Pakistán, Bosnia, Nueva York y París, recreando labores humanitarias, viajes y estilos icónicos. Poco después, el triángulo amoroso entre Diana, Hasnat y Dodi Fayed irá tejiendo la tensión emocional.
Actuación solitaria entre críticas feroces
La interpretación de Watts fue valorada de forma divisiva. Algunos la elogiaron por intentar rescatar detalles humanos del personaje, aunque el guion y la dirección hundieron el esfuerzo.
Rotten Tomatoes refleja ese rechazo: apenas un 8 % de críticas positivas. El consenso: “Watts lo intenta, pero el guion mediocre y la dirección torpe entierran su esfuerzo.” Críticas británicas no se contuvieron. El The Guardian lo calificó como “car crash cinema”, mientras otros medios hablaron de diálogos ridículos y actuaciones forzadas.
También se sumaron señalamientos sobre la falta de credibilidad histórica. Hasnat Khan, el mismo médico retratado, lo calificó de basado en “rumores” y especulaciones.
Desenlace abierto y huella ambivalente
En el final, Diana emerge como una figura atrapada entre su deseo de normalidad y el peso de una fama que no puede soltar. La película termina sin recrear el accidente fatal, más bien cierra con un silencio reflexivo, como si el verdadero drama estuviera fuera de cámara.
La huella que deja es contradictoria: humaniza a Diana, pero cae en la trampa del tratamiento superficial. Es como mirar retratos cargados de emociones, pero con los bordes borrosos.
Curiosidad humana: una biografía como eco emocional
Naomi Watts estudió intensamente entrevistas y vídeos de Diana, incluso usó vestimenta real para meterse bajo su piel. Intentó revivirla desde los gestos, pero reconoce que la película se hundió pese a su esfuerzo.
En paralelo, el contraste con otras películas reales como
“Grace of Monaco” acentúa lo difícil de retratar a iconos sin caer en la espectacularidad hueca.
Un retrato imperfecto que deja preguntas
La película no logra atrapar la magnitud de Diana, pero sí rompe el molde del biopic tradicional al centrarse en su intimidad rota y sus anhelos no cumplidos. Una sensación que se parece a leer fragmentos robados de un diario: humano, frágil, incompleto.
Al final, uno se queda pensando… ¿qué historias quedan fuera del encuadre? Y eso ya es más que lo que muchas producciones consiguen.
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