"Fantasy Island" (2020): final explicado y el oscuro origen del mito televisivo
"Fantasy Island" (2020): final explicado y el oscuro origen del mito televisivo
Por aSuLeS
| Publicado el 22/08/2025
Un paraíso que esconde trampas mortales
El reinicio cinematográfico Fantasy Island (Fantasy Island, 2020) retoma la idea de la mítica serie setentera para darle un giro de terror sobrenatural. El director Jeff Wadlow nos presenta un resort tropical donde los visitantes ven cumplidos sus sueños más profundos, aunque con un precio inesperado.
Los invitados —entre ellos Lucy Hale (Melanie), Maggie Q (Gwen) y Michael Peña como el misterioso anfitrión Mr. Roarke— descubren que lo que parecía un deseo inocente pronto se convierte en una auténtica pesadilla. La isla no concede caprichos: ajusta cuentas.
Un mosaico de fantasías y terrores
Cada personaje experimenta un universo distinto: Patrick revive una guerra para honrar a su padre caído, los hermanos Weaver disfrutan de una fiesta convertida en infierno con narcos zombificados, Gwen recibe la vida conyugal que siempre creyó querer, y Melanie aparentemente ajusta cuentas con una antigua acosadora.
El tono cambia de comedia de evasión a thriller macabro en cuestión de minutos. Como si un guion de The Twilight Zone se hubiese mezclado con el gore de “Destino final”.
Clímax: la verdad detrás de Melanie
La tensión estalla en la cueva de la isla, donde la roca luminosa y el agua mágica revelan el origen de las fantasías. Allí se descubre que Melanie ha manipulado todo: la supuesta víctima es en realidad la mente maestra. Su auténtico deseo era reunir a todos los implicados en la muerte de Nick, el chico al que amaba y que falleció en un incendio.
La revelación cambia la percepción del espectador: no es un simple grupo de turistas desafortunados, sino las piezas de un plan de venganza meticulosamente urdido. Y lo más inquietante, Roarke ha permitido todo porque sus propios deseos dependen de la energía de la isla.
Final explicado: sacrificios y un origen inesperado
El enfrentamiento final deja un reguero de pérdidas. Melanie muere arrastrada por un Nick zombificado, Sloane sobrevive gracias a su ingenio y Patrick se sacrifica cayendo sobre una granada, igual que lo hizo su padre en Venezuela. Esa simetría da un cierre heroico y trágico a su arco personal.
Al terminar la fantasía, solo Gwen, Sloane y Brax logran marcharse. Sin embargo, el precio para Brax es alto: al desear recuperar a su hermano J. D., debe permanecer en la isla. En ese instante el guiño nostálgico se vuelve evidente: Brax acepta convertirse en asistente de Roarke y adopta el apodo de “Tattoo”, enlazando directamente con la serie original de 1977.
Un significado más oscuro de lo esperado
El desenlace deja claro que el “paraíso” no es más que una cárcel disfrazada. El agua subterránea simboliza el deseo humano llevado al extremo: una fuente que concede lo que uno cree querer, pero que al mismo tiempo exige un tributo.
En clave crítica, “Fantasy Island” habla de cómo los sueños pueden volverse obsesiones destructivas. Es imposible no pensar en la tradición literaria de pactos faústicos, donde cada regalo lleva implícito un castigo. La isla funciona como ese demonio amable que nunca perdona.
Un cierre con sabor irónico
La película concluye transformando a Brax en el futuro Tattoo, conectando la versión moderna con la serie televisiva. Ese detalle, más que un guiño, reescribe el mito y lo tiñe de tragedia.
Aunque recibió críticas mixtas, el filme recuerda que los deseos cumplidos nunca son gratuitos. Y, al final, la verdadera fantasía parece ser escapar de un lugar donde cada anhelo puede ser tu condena. Una ironía cruel, pero efectiva.
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