Emperador (
Emperor, 2012) es un drama histórico que combina política, romance y dilemas morales en la delicada posguerra japonesa. Su final nos lleva a reflexionar sobre la fina línea entre justicia y pragmatismo, en una historia que sigue al brigadier general Bonner Fellers mientras investiga si el emperador Hirohito debe ser juzgado como criminal de guerra y, al mismo tiempo, intenta descubrir qué ocurrió con Aya, la mujer japonesa que amó antes del conflicto.
El conflicto inicial: una misión imposible
Tras la rendición de Japón, Fellers recibe la orden de MacArthur de reunir pruebas sobre la implicación directa del emperador en la guerra. La tarea es tan sensible que podría provocar una revuelta si concluye que Hirohito debe ser procesado. Paralelamente, el oficial utiliza sus escasos recursos para buscar a Aya, lo que le coloca en una encrucijada emocional mientras navega entre lealtades militares y sentimientos personales.
Un desarrollo marcado por secretos y silencios
Durante su investigación, Fellers se enfrenta a un muro de evasivas por parte de los altos mandos japoneses. Poco a poco, las entrevistas y rastreos le llevan hasta Kōichi Kido, mano derecha del emperador, quien desvela que Hirohito fue clave para frenar la prolongación del conflicto. El soberano no solo rompió el empate en el Consejo Supremo a favor de la rendición, sino que también grabó un mensaje para su pueblo, sabiendo que los sectores militaristas intentarían impedirlo.
La tensión estalla cuando se confirma que hubo un intento de golpe y un ataque al palacio, aunque el mensaje de rendición finalmente se emitió. Mientras tanto, Fellers descubre que Aya falleció durante un bombardeo aliado, y las cartas que recibe de su tío —el general Kajima— le dejan claro que su búsqueda siempre estuvo destinada al fracaso.
Final explicado de "Emperador": resolución y reflexión
Fellers entiende que no puede demostrar de forma irrefutable ni la inocencia ni la culpabilidad del emperador, pero reconoce que su intervención evitó un derramamiento de sangre mayor. En su informe, recomienda exonerarlo, una decisión que MacArthur acepta por razones prácticas más que sentimentales. Antes de recibir a Hirohito, Fellers admite haber desviado un bombardeo para salvar la ciudad natal de Aya; MacArthur, consciente de la ausencia de víctimas estadounidenses, opta por no castigarlo.
En su encuentro, el emperador ofrece asumir toda la responsabilidad en nombre de Japón, pero MacArthur rechaza la vía punitiva y propone trabajar juntos en la reconstrucción. La escena cierra con un gesto de reconciliación más que de victoria, encapsulando el espíritu de un final donde la política cede espacio a la humanidad.
Un epílogo abierto al futuro
El cierre de
Emperador subraya que, tras una guerra, las respuestas absolutas son escasas y que la paz se forja aceptando zonas grises. Fellers, marcado por la pérdida de Aya, comprende que dejar ir no significa olvidar, sino seguir adelante honrando lo vivido. Una lección que, más allá de la trama, conecta con otros relatos históricos como
Cartas desde Iwo Jima, donde también se muestra el coste humano detrás de las decisiones estratégicas.
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