Humor heredado y final explicado
Agárralo como Puedas (
The Naked Gun: Remake, 2025) revive el espíritu gamberro de la saga original con un final que mezcla cierre narrativo y tributo. Dirigida por
Akiva Schaffer y producida por Seth MacFarlane, presenta a un Frank Drebin Jr. (
Liam Neeson) tan torpe como entrañable, en tándem con Beth Davenport (
Pamela Anderson) para destapar a un magnate tecnológico (Danny Huston).
El estilo conserva el slapstick, los guiños absurdos y referencias directas a
Police Squad! y la trilogía de los 80. Entre los secundarios desfilan
CCH Pounder,
Paul Walter Hauser y
Kevin Durand, aportando capas al caos controlado.
Escenas clave del cierre
Cuando el plan del villano se derrumba, la alcaldía reabre la sede de Police Squad. El jefe Davis comunica que Drebin Jr. será investigado por Asuntos Internos, detalle que la saga no podía dejar pasar. Lo crucial aquí es que, entre bromas y torpezas, el personaje reafirma su capacidad para el heroísmo, aunque siempre disfrazado de chiste visual.
En este punto, la película combina desenlace policial con un homenaje sentimental a Drebin Sr., recordando que el humor puede ser la mejor herencia.
Final explicado de "Agárralo como Puedas (2025)": un gag dentro de otro
Durante los créditos, el “freeze frame” de "Police Squad!" aparece… pero se rompe en segundos. Frank Jr. y Beth empiezan a interactuar con los figurantes congelados y miran al público, desbaratando la ilusión. Este juego meta deja claro que el remake no busca copiar plano por plano, sino reinventar la broma.
El segundo momento es puro ADN de la franquicia: la vista desde la sirena recorre la ciudad y se detiene ante una tienda de donuts. No necesita explicación; el chiste se cuenta solo.
Remates musicales y última broma
La balada "My Sweet Beth", cantada en clave paródica por
Liam Neeson, suena mientras los créditos avanzan. Luego llega la poscréditos:
“Weird Al” Yankovic actúa ante sillas vacías tras el fiasco del villano. Es un chiste sencillo, pero funciona como broche que mezcla absurdo y autoparodia.
Un relevo sin perder el tono
No hay guiño directo a secuela, solo la sensación de que el “caso” está cerrado de momento. La clave está en que Drebin Jr. abraza su propio tempo cómico, manteniendo la esencia de su padre pero sin calcarlos. Esa independencia creativa, envuelta en caídas y miradas a cámara, es la verdadera victoria del final.
Un relevo parecido se percibe en
Superagente 86 (2008), otro ejemplo de cómo actualizar un clásico sin traicionar su naturaleza.
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