Final explicado de "Weapons" (2025) – Horror, hechizos y cicatrices invisibles
Final explicado de "Weapons" (2025) – Horror, hechizos y cicatrices invisibles
Por AbandoMoviez
| Publicado el 08/08/2025
La desaparición que sacude al pueblo
"Weapons" (también conocida como "La hora de la desaparición", 2025), escrita y dirigida por Zach Cregger, arranca con un hecho tan inquietante como difícil de procesar: casi toda una clase de tercero de primaria se esfuma en plena madrugada, exactamente a las 2:17 a. m., en un suburbio aparentemente tranquilo.
La narración se fragmenta en capítulos que siguen a personajes clave como Julia Garner (Justine), Josh Hartnett (Archer), Will Catlett (Paul), Jeremy Allen White (James) y el pequeño Alex. Poco a poco, las piezas apuntan hacia una figura común: Gladys, una bruja que se presenta como “tía” de Alex y que parece tener al pueblo entero bajo un influjo insidioso.
Final explicado de "Weapons": la trampa y el contraataque
En el clímax, los protagonistas confluyen en la casa de Alex, donde se encuentran los niños desaparecidos. Gladys ha tejido una trampa con líneas de sal en el suelo, diseñadas para activar un hechizo de control si alguien las cruza. Justine y Archer caen en la emboscada, mientras que Paul y James, bajo el dominio de la bruja, se convierten en instrumentos de ataque.
La tensión estalla cuando Justine, acorralada, dispara contra Paul para salvar su vida y rescata a Archer eliminando a James. Él desciende al sótano para encontrar a su hijo Matthew, pero se topa con Gladys. Paralelamente, Alex decide jugar su última carta: rompe la protección de sal para liberar a sus padres, los esquiva y se cuela en la habitación de la bruja. Allí, siguiendo un ritual aprendido en secreto, ata un mechón de su pelo a una rama con espinas y la parte en dos, rompiendo el vínculo de control. Gladys huye hacia la calle, donde la turba de niños liberados la alcanza y la despedaza. Con su muerte, todo hechizo se desvanece.
El motivo tras el secuestro
La historia de Alex revela que Gladys llega a su hogar en un estado casi moribundo, y poco después sus padres quedan reducidos a una existencia vegetativa mientras ella recupera fuerza. No hay misterio: les roba la energía vital. Cuando esa fuente se agota, extiende su caza a toda la clase de Alex mediante un hechizo sincronizado a las 2:17 a. m. Los retiene inmóviles en el sótano, alimentados por el propio niño para mantenerlos con vida mientras la bruja los consume lentamente.
Tras su muerte, una voz infantil, dos años después, relata que los niños volvieron al colegio aunque algunos tardaron meses en pronunciar palabra, mientras que los padres siguen ingresados, alimentados como si aún fueran cautivos. El daño físico y emocional no se borra con la simple derrota del enemigo.
La verdadera identidad de Gladys
El parentesco que proclama Gladys es ambiguo de forma deliberada: a veces “tía” de Alex, otras “tía” de su madre. Referencias arcaicas, como llamar “consunción” a una enfermedad, sugieren que vive desde mucho antes de lo que aparenta. Su estrategia siempre es la misma: infiltrarse como pariente para obtener acceso a objetos y lazos afectivos que le permitan fijar sus maleficios.
El sentido del final y su mensaje
La película retrata a los adultos del pueblo como negligentes o peligrosos, y a Gladys como su exageración monstruosa: un depredador que anula voluntades para sobrevivir. La estructura por capítulos muestra cómo pequeños actos de egoísmo o indiferencia abren la puerta a ese tipo de horror.
El plano final, con los ojos de Matthew, deja en suspenso si Archer ha recuperado a su hijo tal cual o solo a su cuerpo. El mensaje cala hondo: el sufrimiento ignorado se transforma y regresa, y cualquiera, incluso un niño, puede ser convertido en un arma.
Un cierre brutal pero revelador
Alex rompe el ciclo empleando las mismas reglas de la bruja, y la persecución final es tan violenta como liberadora. Sin embargo, la victoria deja tras de sí padres irrecuperables, infancias fracturadas y una comunidad más cómoda enterrando la verdad que afrontándola. Esa es la ironía macabra que plantea *Weapons*: el verdadero monstruo se gesta en la rutina y en lo que preferimos no mirar.
Carlos Teorético
#1
A mí me gustó mucho la película.