Barrabás (1961), protagonizada por Anthony Quinn, es una adaptación de la novela de Pär Lagerkvist que imagina la vida del criminal liberado en lugar de Jesús. La historia arranca en el momento más decisivo de la historia bíblica: Poncio Pilato deja al pueblo elegir entre salvar a Jesús o a Barrabás… y eligen al ladrón.
A partir de ahí, la película sigue los pasos de un hombre marcado por esa elección, incapaz de comprender la figura de Cristo, pero que acabará viendo su mundo desmoronarse… hasta el sacrificio final.
Final explicado de "Barrabás" (1961): de criminal a mártir
La vida de Barrabás da muchos giros tras ser liberado. Ve morir a Jesús en la cruz, presencia su entierro y, aunque le dicen que ha resucitado, no lo cree. Su amada Raquel es asesinada por predicar en su nombre, y él, roto por la culpa, vuelve al crimen y acaba condenado a las minas de azufre en Sicilia. Allí conoce a Sahak, un cristiano que poco a poco le cambia la vida.
Décadas después, un terremoto les salva de la mina, y son llevados a Roma como gladiadores. Sahak muere por su fe, pero Barrabás gana su libertad tras matar a su instructor en el circo. Lo siguiente que hace es dar sepultura a Sahak en las catacumbas cristianas… pero lo más fuerte está por llegar.
Un final que une redención, fe... y fuego
Cuando Barrabás sale de las catacumbas, Roma arde. Le dicen que los cristianos han causado el incendio, y él, pensando que se acerca el fin del mundo que predicaban Sahak y Raquel, decide avivar las llamas. Lo detienen, y en prisión coincide con el apóstol Pedro, quien le aclara que ningún cristiano prendería fuego a la ciudad.
Barrabás es crucificado con otros cristianos. Y allí, colgado de la cruz, entiende por fin el mensaje de Cristo. Su última frase es: “Oscuridad… me entrego a ti… Soy Barrabás”. Así, el hombre que fue liberado en lugar de Jesús muere como un creyente. Tarde, sí. Pero con fe.
¿Qué significa ese desenlace?
El cierre de Barrabás es tan simbólico como contundente. El hombre que no entendía nada, que rechazó una y otra vez creer, acaba abrazando aquello que más temía. Su vida está marcada por la culpa, por la duda, por el dolor… pero también por una lenta transformación que culmina en su sacrificio final. Muere colgado de una cruz, como el hombre que ocupó su lugar.
Y con ello, la película nos deja una idea poderosa: nunca es tarde para encontrar la fe, incluso si has vivido toda una vida negándola.
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