“Deseos de venganza” (Pretty Little Stalker, 2018) es uno de esos thrillers televisivos que intentan jugar con el suspense psicológico familiar pero terminan hundiéndose por culpa de un casting absurdo, una trama repleta de clichés y momentos que rozan lo ridículo. Si te gustan los telefilmes de sobremesa para ver con ironía… puede que hasta la disfrutes.
¿De qué va "Deseos de venganza"?
Lorna, una escritora de libros de autoayuda de gran éxito, vive con su hijo adolescente Mark, un joven tenista con prometedor futuro. Todo parece ir sobre ruedas hasta que aparece Mallory, una chica aparentemente encantadora que se hace amiga de Mark… y poco a poco comienza a manipularle para alejarle de su madre.
Mientras personas cercanas a Lorna comienzan a morir en circunstancias sospechosas, ella empieza a sospechar que Mallory no es quien dice ser. Lo que parecía una historia de celos maternofiliales se convierte en un juego mortal donde los secretos del pasado salen a la luz y el peligro se instala en el salón de casa.
¿Merece la pena ver "Deseos de venganza"?
Solo si buscas un placer culpable. Esta película tiene todos los ingredientes del típico thriller de domingo por la tarde: un hogar idílico amenazado, una figura maternal incomprendida, un adolescente que toma malas decisiones… y una “estudiante” que claramente no tiene edad para estar en el instituto.
La mayor crítica —y con razón— es el casting: la actriz que interpreta a la supuesta adolescente Mallory parece mayor que la madre del protagonista, lo que rompe toda credibilidad. Y eso sin entrar en detalles como asesinatos silenciosos en camas compartidas sin que nadie despierte, o adultos que no reconocen un dron a dos metros de distancia.
El guion está lleno de diálogos artificiales y escenas absurdas, aunque eso le da cierto encanto involuntario. Es de esas películas tan malas que casi se vuelven divertidas si las ves con una mentalidad irónica.
✅ Lo mejor:
- Ideal para una tarde aburrida si te gustan los thrillers fallidos con aire de comedia involuntaria.
- Ashley Rickards hace lo que puede con un papel imposible.
- Da para un buen drinking game con cada escena ridícula o cada pleito madre-hijo.
❌ Lo peor:
- Casting incomprensible: la “teenager” parece tener 35 años.
- Actuaciones forzadas, guion predecible y una ejecución torpe.
- El giro final no sorprende a nadie… y encima termina con risitas incómodas.