"Un Vaquero sin Rumbo" (Quigley Down Under, 1990) es un western clásico con alma de aventura exótica, protagonizado por Tom Selleck como Matthew Quigley, un cowboy americano experto en disparos de largo alcance. Contratado por un misterioso ranchero australiano, viaja a las antípodas esperando un trabajo rutinario... pero descubre que lo quieren para exterminar aborígenes. Su rechazo inmediato desencadena una peligrosa confrontación.
Abandonado en pleno desierto junto a Cora, una mujer traumatizada que confunde a Quigley con su marido, Matthew deberá sobrevivir, tomar partido y defender a los más vulnerables con su rifle como única ley.
Final explicado de "Un Vaquero sin Rumbo": la última bala
En la parte final de la película, Quigley regresa al rancho de Marston para ajustar cuentas. A pesar de su herida, elimina a casi todos sus hombres. Pero Marston, convencido de que Quigley solo sabe disparar con rifle, le propone un duelo con revólver. Craso error.
Quigley desenfunda más rápido que nadie y liquida a Marston con frialdad. Y mientras el villano se desangra, Quigley remata con una frase lapidaria: “Nunca dije que no supiera usarlo”. El vaquero recupera su rifle y se marcha. Atrás queda la hacienda y un sirviente aborigen que, liberado, se aleja despojándose de su ropa occidental. Un cierre simbólico y liberador.
¿Qué pasa con Cora?
Durante el viaje, Cora ha pasado de estar completamente perdida a reencontrarse consigo misma. Cuida de un bebé aborigen, sobrevive a un ataque de dingos y deja atrás sus fantasmas del pasado. Al final, entrega al niño a su comunidad y está lista para empezar de cero. En el muelle, ya no llama a Quigley por el nombre de su difunto marido, sino por el suyo: Matthew Quigley. Y con eso, sella su nuevo comienzo.
¿Qué mensaje deja el final?
Aunque esté envuelto en tiros y polvo, el final de "Un Vaquero sin Rumbo" habla de justicia, redención y de saber tomar decisiones cuando nadie más lo hace. Quigley no solo ayuda a los aborígenes: también ayuda a Cora a perdonarse y a empezar de nuevo. Y al marcharse juntos de Australia, queda claro que no todos los héroes llevan placa: algunos solo necesitan un buen caballo, un rifle... y saber quiénes son.
Un western con sabor a justicia poética
"Un Vaquero sin Rumbo" se disfruta como una clásica de tiros, pero deja poso por su carga emocional y su mensaje. No es solo un duelo final bien rodado: es una historia de gente rota que se repara, de injusticias que se enfrentan, y de un rifle que se convierte en último recurso para poner las cosas en su sitio.
Una joya del western que, sin necesidad de grandes discursos, deja claro de qué lado está.
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