“Gente que viene y bah” es una comedia romántica con alma de tragicomedia familiar que adapta la novela de Laura Norton. La historia arranca con Bea, una arquitecta de éxito, a punto de presentar un gran proyecto y recién prometida con su novio… hasta que lo pilla siéndole infiel con una famosa presentadora. Su mundo se viene abajo en cuestión de horas.
Sin rumbo, Bea regresa a su pueblo, Santa Clara, donde le esperan su alocada familia, una madre medio bruja, un padre marinero, una hermana que quiere ser alcaldesa, otra con secretos que guardar… y un desconocido que aparece en su vida como un terremoto con coche rosa incluido.
Final explicado de "Gente que viene y bah": cuando todo encaja
A lo largo de la película, Bea (interpretada por Clara Lago) va reconstruyendo su vida pieza a pieza. Pasa de sentirse fracasada y perdida a reencontrarse con su vocación, reconciliarse con su familia, y descubrir que, a veces, los que parecen errores son realmente señales.
El verdadero punto de inflexión llega tras la muerte de su madre, un personaje clave que, incluso desde el más allá, sigue guiando a sus hijos con un cuaderno lleno de mensajes y despedidas personalizadas. Esa pérdida, lejos de desmoronarlos, une más a los hermanos, que empiezan a entender qué es lo que realmente importa.
¿Con quién se queda Bea al final?
Tras volver a la ciudad y retomar su vida anterior con Víctor, su ex, parece que todo vuelve a la normalidad. Incluso le entrega un anillo de compromiso. Pero Bea ya no es la misma. Aunque está de nuevo en su zona de confort, no se siente feliz.
Entonces ocurre algo que lo cambia todo: lee las últimas palabras que su madre le dejó escritas. Le habla de la gente que viene y va… y de aquella que merece quedarse. Justo en ese momento ve alejarse el coche rosa de Diego, el hombre que apareció en su vida cuando más perdida estaba, y por quien ha empezado a sentir algo muy real.
Bea sale corriendo tras él, como en las buenas comedias románticas. Él se detiene. Y sin apenas palabras, se funden en un beso que lo dice todo. Esta vez, no hay dudas ni miedos. Solo una decisión: quedarse.
¿Qué pasa con el resto de la familia?
Irene, la hermana responsable, dimite como alcaldesa tras un escándalo y por fin se permite cuidar de sí misma.
Débora, la más impulsiva, acepta la paternidad de su hijo y deja que Ricky, el stripper con el que tuvo una noche loca, conozca al pequeño.
León, el hermano artista, se lanza a vivir con su “fabadi” Manel, convirtiendo su historia en una relación estable.
Y hasta Fin, el sobrino nihilista, empieza a sonreír y a bailar en el funeral, contagiado por el espíritu de su abuela.
Un cierre feliz... con los pies en la tierra
Tiempo después, vemos a toda la familia reunida en una isla. Irene, como siempre, ya está pensando en construir una escuela. Ricky ha rehecho su vida. Y Bea, junto a Diego y su hija Diana (que vuelve a hablar por fin), construye casas en los árboles… y una familia nueva.
La película cierra con una sonrisa, sin grandes alardes, pero dejando clara una idea: a veces hace falta que la vida se rompa por completo para poder construir algo de verdad.
Reflexión final sobre "Gente que viene y bah"
Con un tono ligero, pero cargado de emociones reales, esta comedia romántica se convierte poco a poco en una historia sobre la familia, el perdón, la pérdida… y las segundas oportunidades. No se trata de elegir entre campo o ciudad, entre ex o nuevo amor, sino de encontrar ese lugar (o persona) que te haga sentir que, por fin, has llegado a casa.
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