“Nada que perder” (2023) es un drama social francés protagonizado por Virginie Efira, que interpreta a Sylvie, una madre soltera que trabaja de noche para sacar adelante a sus dos hijos. Una noche, mientras ella está en su turno, su hijo pequeño, Sofiane, sufre un accidente doméstico y acaba en urgencias. Este hecho, aparentemente fortuito, desencadena una pesadilla burocrática: los servicios sociales le retiran la custodia del niño por considerar que ha habido negligencia.
A partir de ahí, comienza la lucha de Sylvie por demostrar que es una buena madre. Pero la maquinaria institucional no se lo pone fácil: evaluaciones, clases parentales obligatorias, visitas supervisadas y decisiones frías tomadas por personas que no conocen ni su realidad ni su compromiso. La película retrata con dureza y sensibilidad cómo incluso una madre entregada puede quedar atrapada en un sistema que prefiere protegerse a sí mismo antes que ayudar realmente.
Final explicado de "Nada que perder": el sistema siempre gana
En el tramo final, Sylvie lo ha intentado todo: ha cambiado de trabajo para estar más disponible, ha seguido al pie de la letra las indicaciones del juzgado, ha conseguido cartas de apoyo y ha reconstruido su entorno familiar. Incluso su hijo mayor, Jean-Jacques, se ha involucrado más. Sin embargo, la situación no mejora. Cada intento de demostrar que está preparada es interpretado con desconfianza o burocracia.
La situación se vuelve especialmente angustiante cuando descubre que quieren medicar a Sofiane por supuesta inestabilidad emocional. Sylvie se niega en redondo, lo que provoca aún más fricciones con el sistema. Su desesperación crece hasta el punto de perder los papeles en una vista judicial, lo que solo complica más su caso.
Al final, la película no ofrece una resolución clara: no hay escena en la que Sofiane vuelva a casa, ni un dictamen final que ponga punto y final al proceso. En su lugar, vemos a Sylvie seguir luchando, sin saber si lo logrará, pero sin rendirse. Porque eso es lo que hace una madre cuando no le queda nada más que perder: resistir.
Una maternidad a prueba del juicio ajeno
La película lanza una crítica directa a los mecanismos de protección infantil cuando se convierten en estructuras rígidas, deshumanizadas y, a veces, más dañinas que protectoras. Sylvie no es una madre perfecta, pero la cinta deja claro que eso no la convierte en una madre indigna. Simplemente es alguien que ha tenido que elegir entre alimentar a sus hijos o estar presente cada minuto.
El guion no busca heroicidades, sino mostrar cómo una mujer corriente puede ser arrastrada por engranajes impersonales que la juzgan sin comprender su vida. El sistema que debería ayudarla parece más interesado en protegerse a sí mismo.
Una lucha sin final feliz… pero tampoco rendida
En su último plano, Sylvie está sola, pero no vencida. Sigue peleando, sigue haciendo llamadas, sigue recogiendo pruebas. Su rostro refleja cansancio, pero también decisión. El mensaje es claro: no todas las historias tienen cierre, pero eso no significa que estén perdidas.
La directora Delphine Deloget nos ofrece un drama realista y sobrio, sin fuegos artificiales ni soluciones mágicas, pero profundamente humano. Porque a veces, lo más valiente no es ganar, sino seguir en pie.
Reflexión final sobre "Nada que perder"
“Nada que perder” es una película incómoda, necesaria y dolorosamente real. Nos obliga a mirar de frente a esos fallos del sistema que no suelen salir en los telediarios. Pero sobre todo, nos recuerda que detrás de cada expediente hay personas. Y detrás de cada número, una historia.
El final no nos da certezas, pero sí una verdad: hay madres que luchan cada día por sus hijos, aunque el mundo les diga que no pueden. Y esa resistencia, aunque invisible, también es una forma de victoria.
JustWatch¿Dónde verla online?
Comentarios (0)
No tenemos comentarios todavía en esta noticia ¿te animas?