“The Wall” (2017) es un thriller psicológico ambientado en los últimos días de la guerra de Irak. La historia sigue a dos soldados estadounidenses —el francotirador Shane Matthews y su observador, Allen Isaac— enviados a investigar un extraño silencio en una zona de conflicto.
Lo que parecía una misión rutinaria se convierte en una trampa mortal tendida por un francotirador enemigo invisible. A lo largo de la película, Isaac queda aislado tras una tapia, herido, sin agua, sin radio… y con una única voz al otro lado: la del francotirador que juega con su mente mientras espera el momento perfecto para rematar la jugada.
Final explicado de "The Wall": ¿Quién gana realmente?
En el tramo final de la película, Isaac intenta sobrevivir como puede tras haber sido herido por el francotirador. Con su compañero Matthews gravemente herido y sin forma de comunicarse con su base, solo le queda resistir.
En un último esfuerzo por cambiar el rumbo, logra reparar la radio usando piezas de un contratista muerto y escucha que vienen helicópteros de rescate. Decide tumbar el muro para usar el rifle de Matthews y atacar al francotirador antes de que lleguen los refuerzos.
Isaac cree que ha conseguido impactar a su enemigo con su último disparo, ya que este no responde. Cuando llegan los helicópteros, los soldados recogen a Isaac y al cuerpo de Matthews. Todo parece haberse resuelto… hasta que, justo cuando despegan, el francotirador —que seguía vivo y oculto— derriba ambos helicópteros con precisión quirúrgica. La película cierra con la voz del enemigo por radio, pidiendo “otra unidad de rescate”, preparando así la siguiente trampa. El cazador vuelve a empezar.
Un final tan cruel como desolador
El giro final deja claro que el verdadero protagonista de la historia no era Isaac, sino el francotirador iraquí: un enemigo calculador, frío, que convierte cada rescate en una emboscada. El muro, más que protección, simboliza la falsa sensación de seguridad de los soldados americanos: creer que tienen el control cuando en realidad todo ha sido orquestado por su adversario desde el principio.
Ese silencio tras el disparo fallido de Isaac, esa falsa esperanza de que “lo ha logrado”, es precisamente lo que hace tan demoledor el desenlace. Ni el esfuerzo ni la valentía sirven de nada ante alguien que lleva la delantera en un juego que repite una y otra vez.
Conclusión: un círculo sin fin
The Wall no es solo una película bélica, sino una historia sobre el engaño, la impotencia y la guerra moderna, donde un solo hombre puede controlar el campo de batalla desde las sombras. El final deja un sabor amargo, recordándonos que, en conflictos como este, muchas veces la victoria no depende del valor… sino del engaño.
Y mientras el enemigo siga oculto tras su propia pared, la trampa seguirá tendiéndose una y otra vez.
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