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Una belleza para matar” (“Good Deed”, también titulada Sorority Stalker, 2018) es otro de esos thrillers marca Lifetime donde el mayor error de la protagonista es ser demasiado buena persona. Una joven aparentemente indefensa aparece por casualidad en la vida de una empresaria, y poco a poco va desmontando su entorno con manipulación, mentiras y una sonrisa siniestra. ¿Cuántas veces hemos visto esta historia? Muchas. Pero esta tiene algo especial.
¿De qué va "Una belleza para matar"?
Aya, dueña de un exclusivo salón de belleza en Los Ángeles, conoce a Taryn, una chica en apuros que dice haber pertenecido a la misma hermandad universitaria que ella. Movida por la nostalgia y la compasión, Aya la acoge en su casa y le da trabajo. Pero Taryn no es quien dice ser.
En realidad, es una huérfana obsesionada con formar parte de una familia a toda costa… aunque eso implique manipular, destruir o asesinar. A medida que va eliminando cualquier obstáculo entre ella y su ideal de vida, Aya empieza a notar que algo no encaja. Pero cuando se da cuenta, puede que ya sea demasiado tarde.
¿Merece la pena ver "Una belleza para matar"?
Dentro de los clichés habituales del thriller doméstico televisivo, esta película tiene un ritmo ágil, una villana bastante carismática y algunas escenas muy disfrutables. La actriz Haley Pullos brilla como la joven psicópata, alternando dulzura y amenaza con bastante solvencia.
Eso sí, el guion requiere un enorme salto de fe: nadie en su sano juicio mete en su casa a una desconocida solo porque dice ser de la misma hermandad universitaria. Y tampoco es fácil creerse que una asesina en serie con tan poco disimulo pase desapercibida tanto tiempo. Pero si entras en el juego, es una de esas historias tan absurdas como entretenidas.
✅ Lo mejor:
- Haley Pullos como Taryn, adorable y aterradora a partes iguales.
- El contraste entre la estética de lujo del salón y el caos que se desata poco a poco.
- Momentos involuntarios de humor que hacen que el visionado sea aún más ameno.
❌ Lo peor:
- Una protagonista demasiado ingenua como para ser creíble.
- Situaciones tan exageradas que rozan lo ridículo (¿quién manipula frenos en un parking sin que nadie lo vea?).
- Un final abrupto que deja sin consecuencias los crímenes cometidos.