“El Diablo Sobre Ruedas” (Duel / Duel of Death, 1971), dirigida por Steven Spielberg, es una película trepidante que nos mete de lleno en la angustiosa experiencia de David Mann (Dennis Weaver), un vendedor de mediana edad que, en plena ruta por el desierto californiano, se ve perseguido por un camión cisterna siniestro y aparentemente sin conductor.
Lo que empieza como un simple adelantamiento en la carretera se convierte en un acoso mortal que parece no tener fin.
Final explicado de "El Diablo sobre Ruedas": ¿Cómo escapa David del camión?
A lo largo de la película, David intenta mantener la calma mientras este camión viejo, sucio y amenazante lo atormenta sin motivo aparente. El conductor nunca se muestra claramente, lo que añade una capa de terror psicológico: no sabemos si es un loco, un asesino o simplemente una metáfora del estrés y la impotencia del hombre moderno.
En la parte final, tras varios enfrentamientos, intentos de huida, ataques en gasolineras, una cabina telefónica embestida, un tren a punto de atropellarlo y hasta una visita al infierno mecánico de un autobús escolar encallado, David acaba con su coche sobrecalentado en mitad de un paraje montañoso. Su única salida: enfrentarse al monstruo de metal.
En un acto desesperado, David traba su maletín en el acelerador, apunta el coche hacia el camión y, en el último momento, salta fuera. El coche impacta contra el camión y ambos caen por un precipicio. El camión explota en llamas y el rugido de su motor termina, por fin, en un silencio sepulcral. David se queda arriba, al borde del acantilado, observando el fondo del barranco mientras lanza piedras y se deja llevar por el alivio. La cámara se queda con él en ese momento catártico, mientras el sol se pone y termina esta pesadilla mecánica.
¿Qué representa realmente el camión?
Aunque en apariencia estamos ante un thriller sobre la carretera, el camión funciona casi como un personaje en sí mismo. Nunca vemos con claridad al conductor, lo que genera la sensación de que el camión tiene vida propia. Representa el miedo a lo desconocido, la despersonalización en la sociedad moderna y la impotencia frente a un sistema que nos pasa por encima sin razón ni rostro.
David no es un héroe de acción; es un tipo normal atrapado en una situación inexplicable. Y su victoria final no es gloriosa ni épica, sino más bien un suspiro de alivio desesperado, una liberación emocional.
Conclusión de "El Diablo sobre Ruedas"
El Diablo sobre Ruedas es un ejemplo magistral de cómo el terror puede surgir de lo cotidiano. Con muy pocos personajes y casi sin diálogos, Spielberg construye una tensión asfixiante y constante, en la que el espectador comparte la paranoia y el agobio del protagonista.
El final es una liberación visual y emocional, pero también deja la sensación de que el verdadero enemigo nunca fue el camión, sino todo aquello que David había reprimido: el estrés, la impotencia, la rabia y el miedo. Una obra clave del cine de suspense que, más de 50 años después, sigue poniendo los pelos de punta.
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