La temporada 1 de “Matabot” cierra con un golpe emocional potente, de esos que no te ves venir. Y no solo por lo que ocurre en pantalla, sino por todo lo que dice sin necesidad de palabras.
El episodio final desmonta por completo cualquier idea reconfortante que tuviésemos sobre la historia, dejándonos claro que este mundo, regido por empresas sin escrúpulos, no está hecho para los sentimientos… ni siquiera para los de un constructo con alma como Matabot.
¿Borran la memoria de Matabot?
Al despertar en un laboratorio de la Compañía, Matabot está desorientado, aturdido, sin saber muy bien qué le han hecho. Lo que pasa es tan cruel como realista: aunque ha sido rescatado junto a sus clientes tras el ataque del equipo minero de GrayCris, la empresa solo lo mantiene con vida porque les resulta rentable. Y parte de ese “mantenimiento” consiste en instalarle un nuevo módulo de control… borrando todo lo que era, todos sus recuerdos.
Durante el proceso, Matabot no puede evitar sentir que algo va mal, aunque no pueda ponerle nombre. Los técnicos, fríos y distantes, lo tratan como a un objeto defectuoso, sin importarles que esté perdiendo las únicas cosas que le daban sentido a su existencia: sus vínculos, su identidad, sus recuerdos.
¿Por qué quiere recuperar sus recuerdos?
Mientras la Compañía oculta lo ocurrido en el planeta, el equipo de PreservationAux exige la devolución de Matabot. Pero no por lo que sabe, sino porque lo consideran uno de los suyos. Mensah, que siempre ha visto más allá del constructo, sabe que sigue siendo él aunque hayan intentado reprogramarlo. Aun así, la amenaza de una demanda es la única forma de presionar a los ejecutivos, que no entienden —ni aceptan— que alguien pueda preocuparse por un SecUnit.
Aquí entra en juego Gurathin, quien en un acto inesperado de redención, se infiltra en los servidores de la empresa con ayuda de su antiguo camello. Utilizando como pista el amor de Matabot por la serie Sanctuary Moon, consigue localizar y descargar toda su memoria. Es un momento emotivo y duro: la enemistad entre ellos se transforma en complicidad, en solidaridad entre víctimas del mismo sistema.
¿Por qué Matabot se bloquea?
Con su nueva programación, Matabot es enviado de vuelta al trabajo como si nada hubiera pasado. Pero algo en él no encaja. Durante una revuelta, levanta el brazo para atacar a Ratthi, uno de sus antiguos compañeros, y de pronto… se detiene. Glitchea. Porque en el fondo, algo en su interior recuerda. No de forma consciente, pero sí visceral: un eco de su antigua vida, de sus traumas, de lo que vivió.
Ese momento de duda es clave. Demuestra que, por mucho que quieran reducirlo a una herramienta, Matabot sigue siendo él mismo. Un ser con memoria emocional, con conciencia, con algo parecido al alma.
¿Qué elige hacer con su libertad?
Gracias a Gurathin, sus recuerdos son restaurados. Matabot vuelve a ser el de antes, o al menos una versión más entera de sí mismo. Mensah y el resto del equipo le ofrecen volver con ellos a Preservation Alliance, donde estaría a salvo y rodeado de gente que lo aprecia. Pero Matabot ya no es una propiedad. Ya no quiere que otros decidan por él. Y aunque aprecia profundamente a Mensah, toma su propia decisión.
¿Y cuál es? Revisar el perímetro.
Sí, suena simple. Pero en el fondo, es su forma de decir: quiero hacer las cosas a mi manera. Lo vemos alejarse junto a un cargabot rumbo a una nueva estación minera, compartiendo su serie favorita y empezando de cero. Por fin, libre de verdad.
Conclusión del final de “Matabot”
El último episodio no solo cierra una trama: abre un mundo entero de posibilidades para Matabot. Lo que podría haber sido un final triste —la deshumanización, el borrado, el olvido— se convierte en un canto a la autodeterminación. A pesar del dolor, de la pérdida, de la traición, Matabot encuentra un motivo para seguir adelante. No para servir, ni para matar… sino para ser. Y eso, en un mundo como el suyo, es el mayor acto de rebeldía.