“Eddie el Águila” (Eddie the Eagle, 2016) cuenta la historia real de Michael “Eddie” Edwards, un joven británico con un sueño aparentemente imposible: competir en los Juegos Olímpicos.
Tras fracasar en varias disciplinas, descubre que el salto de esquí podría ser su vía de entrada, ya que Reino Unido llevaba décadas sin tener representación en ese deporte. Con nula experiencia pero una tenacidad a prueba de todo, Eddie se traslada a Alemania para entrenar por su cuenta… hasta que aparece Bronson Peary, un exsaltador americano caído en desgracia que decide ayudarle.
Final explicado de "Eddie el Águila"
La recta final de la película tiene lugar en los Juegos Olímpicos de Invierno de Calgary 1988, donde Eddie, a pesar de sus limitaciones técnicas, logra clasificarse para competir en la prueba de 70 metros. Aunque queda último, su entusiasmo desborda al público y a los medios, que lo apodan con cariño “El Águila”.
Pero Eddie no se conforma con eso. Decide participar también en el salto de 90 metros, una altura que jamás ha probado. Ni siquiera su entrenador, Bronson, cree que esté preparado. Sin embargo, tras una charla emotiva con su ídolo Matti Nykänen, el mítico “Finlandés Volador”, Eddie se lanza al vacío… y logra aterrizar limpiamente. No gana ninguna medalla, pero bate el récord británico y consigue lo que ningún otro había logrado: que todo el estadio lo ovacione.
En la ceremonia de clausura, el presidente del Comité Organizador dedica unas palabras a los atletas que no han ganado, pero han representado el verdadero espíritu olímpico: esfuerzo, superación y corazón. Y todos saben que habla de Eddie.
Un héroe sin oro, pero con gloria
La clave del final de Eddie el Águila no está en las medallas, sino en la emoción que transmite. Eddie no es un deportista de élite, pero su historia conecta porque representa a todos los que han soñado con algo grande sin tener todas las herramientas. A pesar de las burlas, del rechazo oficial y de las caídas, se levantó una y otra vez hasta que el mundo entero lo aplaudió.
Bronson también cierra su propio arco, reconciliándose con su antiguo mentor, Warren Sharp, y encontrando en Eddie una razón para creer de nuevo en el espíritu del deporte.
Reflexión final: ¿Por qué nos emociona tanto?
Eddie el Águila es de esas películas que te dejan con una sonrisa. No importa si ganas o pierdes, lo que importa es atreverse. Su historia es un homenaje a todos los que han luchado contra la adversidad, a los que se han lanzado por ese trampolín de 90 metros que parecía imposible… solo por probarse a sí mismos. Y eso, gane quien gane, siempre emociona.
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