Basada en la obra de Shakespeare, “El Mercader de Venecia” (The Merchant of Venice, 2004) nos lleva a la Venecia del siglo XVI, donde el joven noble Bassanio quiere conquistar a la rica heredera Portia. Pero no tiene un duro, así que acude a su amigo Antonio, un respetado mercader.
Como Antonio tiene su fortuna invertida en barcos en alta mar, pide un préstamo a Shylock, un prestamista judío al que odia profundamente. Shylock, resentido por años de humillaciones, accede a prestarle el dinero con una condición siniestra: si no le devuelven los 3000 ducados a tiempo, podrá quedarse con una libra de carne del propio Antonio.
Final explicado de "El Mercader de Venecia (2004)"
Tras perder todos sus barcos, Antonio no puede devolver el préstamo y Shylock exige lo acordado: una libra de su carne. Bassanio, que ya se ha casado con Portia tras superar la prueba de los tres cofres, regresa a Venecia desesperado para intentar salvar a su amigo, ofreciendo el doble del dinero a Shylock. Pero el prestamista se niega: no quiere dinero, quiere venganza.
El juicio se celebra con el duque de Venecia como mediador, pero el punto de giro llega cuando entra en escena un joven abogado llamado Balthasar… que en realidad es Portia disfrazada. Con gran astucia legal, Portia deja que Shylock se prepare para cortar la carne, pero justo antes de que lo haga, le recuerda que el contrato no menciona sangre: si derrama una sola gota, sus bienes serán confiscados.
Shylock, acorralado, intenta echarse atrás y acepta el dinero, pero ya es tarde. La justicia cae sobre él: pierde la mitad de su fortuna, es obligado a convertirse al cristianismo y a dejar su herencia a su hija Jessica (que le había abandonado por amor a un cristiano) y a su yerno Lorenzo.
¿Qué pasa al final con Bassanio, Portia y Antonio?
Después del juicio, Portia sigue con su papel de abogado y le pide a Bassanio un recuerdo por haber salvado a su amigo. Bassanio, sin saber que es su mujer disfrazada, le da el anillo de boda que prometió no quitarse jamás. Antonio le convence de que lo entregue como muestra de gratitud.
De vuelta en Belmont, Portia y su criada Nerissa (también disfrazada en el juicio) se burlan de sus maridos por haberles regalado los anillos. Finalmente, les revelan la verdad y todos se reconcilian. Para cerrar con buen sabor de boca, Antonio recibe la noticia de que tres de sus barcos han llegado sanos y salvos, recuperando su fortuna.
Un desenlace moral y simbólico
El Mercader de Venecia deja un final agridulce. Aunque Antonio se salva y los enamorados se reúnen felices, la figura de Shylock queda marcada por la humillación. Su castigo, visto hoy, resulta tan brutal como simbólico: no solo pierde su riqueza, sino su identidad y su fe. La historia refleja cómo la justicia legal puede ser implacable, pero también cómo la compasión, cuando se niega, deja espacio a la tragedia.
Reflexión final sobre "El Mercader de Venecia"
Más allá del romanticismo y los disfraces, El Mercader de Venecia plantea dilemas morales intensos: venganza frente a perdón, justicia frente a misericordia, intolerancia frente a integración. El final puede parecer justo, pero deja un sabor amargo, sobre todo por el destino forzado de Shylock. La película no sólo adapta a Shakespeare con rigor visual y emocional, sino que nos lanza preguntas que siguen siendo incómodamente actuales.
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