“Los Amantes Pasajeros” (2013) es una comedia coral dirigida por Pedro Almodóvar, ambientada en un avión con destino a México. La película arranca con un pequeño fallo técnico: uno de los trenes de aterrizaje no se ha desbloqueado por un despiste en tierra.
Como medida de emergencia, la tripulación decide dormir a toda la clase turista con tranquilizantes, dejando solo despiertos a los pasajeros de preferente… y lo que parecía un vuelo común se convierte en una montaña rusa de confesiones, drogas, sexo y delirios varios mientras todos esperan una solución para aterrizar sin matarse.
Final explicado de "Los Amantes Pasajeros": ¿Qué ocurre cuando por fin aterrizan?
Después de un vuelo lleno de excentricidades —con declaraciones de amor, sexo entre tripulantes, predicciones de una médium, intentos de suicidio, negocios turbios y mucho “agua de Valencia” con mescalina incluida—, el avión logra finalmente aterrizar en el polémico aeropuerto de Castilla-La Mancha, construido en la vida real y casi sin uso. Todo sale bien, a pesar del caos vivido en el aire.
Una vez en tierra, varios cabos sueltos se atan:
Ricardo se reencuentra con Ruth, una de sus muchas ex, que le devuelve su maleta y le deja claro que no piensa repetir errores del pasado.
Bruna, la adivina, por fin ve la cara del árabe con el que tuvo sexo mientras dormía en clase turista. Y aunque ella lo vivió como una epifanía, él ni se enteró.
Norma Boss, que decía poseer grabaciones sexuales de políticos y famosos, confiesa que en realidad no tiene nada… pero con el rumor basta para mantenerlos a todos asustados.
El banquero corrupto, que iba huyendo del país, encuentra a su hija dominatrix y se dirige hacia su casa… aunque le espera la policía para detenerle.
¿Y qué sentido tiene este final tan loco?
Los Amantes Pasajeros no tiene un final clásico con moraleja o redención. De hecho, toda la película es una gran sátira sobre la España de la crisis, donde cada personaje representa una caricatura de un país en caída libre: banqueros corruptos, tramas de espionaje falsas, vuelos que no van a ninguna parte y pasajeros que se abandonan al placer y la inconsciencia porque total… el futuro es incierto.
Al final, todo acaba “bien” porque no hay consecuencias reales, y esa es precisamente la crítica velada de Almodóvar: en una sociedad donde reina el absurdo, lo improbable se normaliza y el desastre se convierte en espectáculo.
Reflexión final: ¿aterrizamos o seguimos en las nubes?
Los Amantes Pasajeros es un viaje de locura en las alturas que usa el humor, el exceso y la teatralidad para hablar, en el fondo, de un país fuera de control.
Su final, aunque aparentemente feliz, deja una sensación de vacío: todos siguen con sus problemas, sus traumas y sus mentiras, pero nadie ha cambiado realmente. Una comedia ligera con un trasfondo más ácido de lo que parece.
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