Explicación del final de El Salario de la Violencia
Explicación del final de El Salario de la Violencia
Por aSuLeS
| Publicado el 17/06/2025
¿De qué va "El salario de la violencia"?
"El Salario de la Violencia" (Gunman's Walk, 1958), dirigida por Harry Keller, es un western dramático que va más allá de los disparos y las persecuciones a caballo. Aquí lo que se juega es el alma de una familia, en especial la de un padre que ve cómo la violencia y el orgullo se apoderan de su hijo mayor.
La historia sigue a Lee Hackett, un ranchero veterano que vive con sus dos hijos: Ed, impulsivo y agresivo, y Davy, más joven y noble. Todo comienza con una simple expedición para reunir caballos salvajes, pero la tensión no tarda en aparecer. Ed, obsesionado con una yegua blanca y con demostrar que es el mejor, no soporta que un joven sioux llamado Paul—hermano de la chica que interesa a Davy—compita con él. En un arranque de rabia, Ed provoca la caída de Paul por un acantilado y lo mata.
Mentiras, traiciones y una familia que se rompe
Aunque Ed es arrestado por el asesinato, un hombre llamado Sieverts miente en el juicio y lo libera. Aparentemente, actúa como testigo clave, pero tiene su propio interés: apropiarse de unos caballos, entre ellos la codiciada yegua blanca. Lee, en deuda con él por salvar a su hijo (aunque sabe que no dice toda la verdad), le permite escoger animales de su manada. Pero cuando Sieverts se lleva la yegua, Ed enloquece de celos, lo persigue… y lo mata a tiros en plena calle.
Ed es encarcelado otra vez, pero logra escapar tras disparar a un agente. El desenlace se acerca: Lee decide enfrentarse a su propio hijo, sabiendo que se está convirtiendo en un forajido sin retorno. El duelo entre padre e hijo no se puede evitar.
Final explicado de "El salario de la violencia"
El clímax de la película es tan trágico como inevitable. Ed, fuera de control, desafía a su padre a un duelo. No hay más palabras. No queda familia, ni razón, ni amor que lo contenga. Solo rabia. Lee no tiene otra opción: cuando Ed desenfunda, él dispara primero. Lo mata.
La escena final es sobria, sin adornos. Lee, con el cuerpo de su hijo en brazos, vuelve al pueblo con una mirada vacía pero decidida. Ya no es el ranchero orgulloso del inicio. Algo se ha roto. En ese momento, decide dar un paso hacia la redención: le pide a Davy y a Clee que le acompañen al rancho, llevando a Ed de vuelta a casa. Como si quisiera, en ese último gesto, reconstruir los lazos que aún le quedan.
Un western que habla de padres, hijos… y errores
*El salario de la violencia* es mucho más que un título rimbombante. Es una advertencia: todo lo que se construye sobre el orgullo, la rabia y el silencio acaba cobrándose un precio. El duelo final entre padre e hijo no es una escena épica, es una tragedia anunciada. Un disparo seco que resume años de heridas mal cerradas.
Y sin embargo, hay una pequeña chispa de esperanza. Lee no quiere repetir el mismo error con Davy. Y aunque lo que se ha perdido es irrecuperable, lo que queda todavía puede salvarse.
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