"Los Niños de Masameer" (Masameer Junior / مسامير جونيور, 2025) es una sátira animada dirigida a un público adulto, aunque protagonizada por tres niños de seis años: Trad, Saltooh y Saad. Ambientada en un mundo ficticio pero cargado de guiños a realidades del mundo árabe, la película mezcla humor negro con crítica social a través de una premisa tan absurda como inquietante: los protagonistas quieren hacer buenas acciones para evitar ir al infierno... pero solo se les da bien matar.
Después de una clase sobre el concepto de “yahannam” (el infierno), los niños deciden redimirse realizando un gran acto heroico. Pero como no consiguen salvar a nadie, llegan a una conclusión retorcida: si eliminan a una “pecadora”, se ganarán el cielo.
Un viaje para acabar con una cantante
Su objetivo es Maisa Wahbi, una artista famosa por sus canciones y bailes, que ellos consideran responsable de romper familias por "tentar" a los hombres. Lo que no entienden, por su corta edad y visión distorsionada del bien y el mal, es que los verdaderos responsables son esos hombres que abandonan a sus esposas por ver a Maisa actuar. Pero ellos, criados en un entorno ultraconservador, no lo ven así.
Con esa idea en la cabeza, el trío viaja hasta la República de Artaqia, un país ficticio envuelto en guerra civil desde la muerte de su presidente. Allí, las facciones enfrentadas —la Flor de Septiembre y la Espina de Julio— luchan por el poder, y es en medio de este caos donde los pequeños terminan metidos sin darse cuenta.
Ghandoor, el pasado y la traición
En Artaqia conocen a Ghandoor, líder de la facción de la Flor de Septiembre, quien sorprendentemente tiene una historia de amor pasada con Maisa. Los niños intentan manipularle para que la mate, pero Ghandoor, aún enamorado, se niega. Sin embargo, su decisión le cuesta el poder: su general de confianza, Meshaal Mashoor, le traiciona y toma el mando por la fuerza.
Destrozado, Ghandoor reacciona colocando explosivos en la sede del nuevo régimen. Justo cuando iba a hacerlos estallar, descubre que Maisa ha sido invitada a cantar en la celebración del golpe. El conflicto interno vuelve… hasta que recuerda la verdad.
Final explicado: Una revelación amarga y un final explosivo
Ghandoor rememora su historia con Maisa: su amor, su entrega, y cómo ella le traicionó políticamente. Ghandoor era su guardaespaldas y pareja, pero Maisa lo utilizó como instrumento para atentar contra el entonces presidente, manipulándole emocionalmente para acercar a un terrorista al hospital donde el mandatario tenía una cita. El atentado acabó con la posibilidad de paz en Artaqia.
Al entender que fue utilizado como un peón y que el amor nunca fue real, Ghandoor no duda más. Hace estallar el edificio, acabando con el nuevo régimen y, supuestamente, también con Maisa… aunque ella logra escapar brevemente, solo para ser atropellada justo después.
¿Y los niños? ¿Lograron su "misión"?
Los pequeños ven cómo Maisa muere accidentalmente antes de poder cumplir su absurda misión de matarla "por el bien común". Trad incluso le suplica que despierte… solo para poder matarla él mismo. Pero la tragedia se transforma en victoria pública: la población cree que han ayudado a liberar al país, y los aclama como héroes.
Convencidos de haber hecho una buena acción, los tres niños regresan a su país dispuestos a contar su hazaña a su maestro, el señor Muneer.
Una última lección... o no
Pero en lugar de aplaudirles, el señor Muneer se horroriza. Para él y para muchos en su entorno, Maisa era una mujer virtuosa, con una voz angelical, y matarla ha sido un pecado imperdonable. Les dice que ahora sí que irán al infierno… a menos que asesinen a "Um Bunana", una terrorista real que recluta mujeres para grupos extremistas.
El final nos muestra a Trad tomando nota, dispuesto a localizar a esa mujer y así asegurarse la entrada al paraíso. Y ahí es donde la sátira alcanza su punto más oscuro.
Reflexión final: el infierno no está bajo tierra
"Los Niños de Masameer" parece una simple comedia animada, pero en realidad es una crítica demoledora al adoctrinamiento, a los sistemas educativos que siembran miedo en lugar de comprensión, y a la forma en que se manipula a los más inocentes con ideas extremas.
Trad, Saltooh y Saad no son monstruos, son reflejo de un entorno que no les deja pensar por sí mismos. La película, sin dar lecciones moralistas, deja clara una idea: cuando a los niños solo se les enseña a temer el infierno, puede que acaben creándolo ellos mismos.
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