“Pelham Uno, Dos, Tres” (The Taking of Pelham One Two Three, 1974) es un clásico del cine de suspense ambientado en el metro de Nueva York. Cuatro hombres armados y disfrazados (Mr. Blue, Mr. Green, Mr. Grey y Mr. Brown) secuestran un vagón del tren 6 en plena hora punta. Con 18 rehenes a bordo, exigen un millón de dólares como rescate y amenazan con matar a un rehén por cada minuto de retraso si no se entrega el dinero en una hora exacta.
El teniente Zachary Garber, de la Policía de Tránsito, se convierte en el principal negociador con los secuestradores, intentando ganar tiempo mientras el caos se desata tanto bajo tierra como en la superficie.
Final explicado de "Pelham Uno, Dos, Tres": ¿Quién sobrevive y cómo se resuelve el secuestro?
El desenlace de Pelham Uno, Dos, Tres está cargado de tensión hasta el último minuto. Cuando el plazo del rescate está a punto de expirar, Garber consigue engañar a Mr. Blue (el líder) diciendo que el dinero ya está en la estación. Finalmente, el maletín con el millón de dólares llega a tiempo, pero uno de los francotiradores de la policía abre fuego, provocando un tiroteo. En represalia, los secuestradores matan al conductor del tren.
Tras recibir el dinero, los secuestradores huyen dejando el tren en marcha sin conductor, gracias a una modificación en el sistema de seguridad. Para despistar, se bajan en un punto del túnel, mientras el tren avanza descontrolado. Uno de los rehenes, que resulta ser un policía encubierto, salta a las vías sin que los criminales lo vean.
En paralelo, los detectives Garber y Daniels intuyen que el tren está fuera de control y no hay nadie a bordo, lo que les lleva a seguir la pista por tierra. Mientras tanto, los criminales discuten su próximo paso. Mr. Grey se niega a deshacerse de su arma y es asesinado por el propio Mr. Blue. Poco después, el policía encubierto mata a Mr. Brown. Mr. Green consigue escapar por una salida de emergencia y sube a la calle.
Garber, sospechando que algo no cuadra, regresa al punto donde se bajaron los secuestradores y sorprende a Mr. Blue justo cuando este va a matar al agente encubierto. Sin salida posible, Blue elige suicidarse tocando el tercer raíl eléctrico del metro.
Mientras tanto, el tren entra en la curva final de South Ferry a toda velocidad, pero gracias al sistema automático de seguridad, frena a tiempo y los rehenes sobreviven.
¿Qué pasa con Mr. Green?
Mr. Green es el único que consigue escapar, al menos temporalmente. Garber, convencido de que el superviviente debe ser alguien con experiencia como conductor de trenes, revisa los registros de motormen recientemente despedidos. Así dan con Harold Longman (Green). Cuando van a su casa, Longman intenta hacerse el inocente. Guarda rápidamente el dinero y, con actitud ofendida, se defiende de las acusaciones.
Garber y Patrone se marchan sin pruebas… pero justo antes de salir, Longman estornuda. Garber, como había hecho durante la negociación por radio, le dice “¡Jesús!” (o “Gesundheit” en inglés). Esa simple palabra lo delata: Garber se gira lentamente y lo mira con cara de “te he pillado”, dejando claro que ha unido todas las piezas del rompecabezas.
¿Qué hace que este final sea tan brillante?
El cierre de Pelham Uno, Dos, Tres es un ejemplo perfecto de cómo una historia puede tener un final sencillo pero demoledor. No hay explosiones ni persecuciones a lo grande, sino una mirada cargada de significado, una frase trivial que cobra todo el sentido y un corte de escena justo en el momento adecuado.
La película mantiene el suspense hasta el último segundo y, sin decir una palabra más, deja al espectador con una sonrisa y una satisfacción total. Un cierre redondo para uno de los mejores thrillers de los años 70.