Explicación del final de 1898. Los últimos de Filipinas
Explicación del final de 1898. Los últimos de Filipinas
Por aSuLeS
| Publicado el 06/04/2025
¿De qué trata "1898. Los últimos de Filipinas"?
“1898. Los últimos de Filipinas” (2016), dirigida por Salvador Calvo, nos traslada al final del siglo XIX para contar una de las historias más duras de la descomposición del imperio español: el asedio de Baler, en Filipinas. A través de los ojos de Juan, un joven soldado que recuerda con amargura y asombro aquella experiencia, la película narra cómo un pequeño destacamento español fue enviado a un remoto pueblo tagalo para resistir frente al avance de los independentistas filipinos.
Tras la masacre del primer destacamento que defendía Baler, 50 soldados llegan con la esperanza de recuperar el control del pueblo. Pero pronto descubren que la situación es mucho más desesperada de lo que jamás imaginaron. Los suministros son escasos, la enfermedad hace estragos y la comunicación con Manila se corta por completo. Poco a poco, las ilusiones de gloria y las ansias patrióticas se van desmoronando frente a la cruda realidad del aislamiento y el abandono.
Lo que comienza como una misión militar se convierte en una pesadilla de supervivencia, donde los jóvenes soldados no solo luchan contra los enemigos externos, sino también contra el hambre, las enfermedades, la desmoralización y las dudas sobre el sentido de su sacrificio. La película nos sumerge en el agotamiento físico y mental de los asediados, reflejando con dureza la caída de un imperio que se desvanece sin que ellos sean plenamente conscientes.
Final explicado de "1898. Los últimos de Filipinas": ¿Cómo termina el asedio?
El desenlace de 1898. Los últimos de Filipinas llega tras casi un año de asedio infernal. Los soldados, ya diezmados por el hambre y las enfermedades como el beriberi, reciben la visita de un supuesto emisario del General Ríos que les entrega una orden de rendición y periódicos donde se confirma que España ha vendido Filipinas a Estados Unidos.
Pero el Teniente Martín Cerezo, tozudo hasta el extremo, sospecha de una trampa. Está convencido de que se trata de propaganda del enemigo y se niega a rendirse, manteniendo la resistencia a pesar del evidente desgaste físico y moral de sus hombres. Ni las noticias de la pérdida de las colonias ni los intentos de sus soldados por convencerle logran hacerle cambiar de opinión.
El joven Carlos, uno de los soldados más idealistas, se ofrece para salir en misión de verificación. Tras un peligroso viaje por la selva filipina, se encuentra con Juan, que había desertado. Allí descubre que la información era cierta: España había vendido Filipinas a Estados Unidos hacía meses.
A su regreso, Carlos intenta convencer al Teniente con la evidencia de los periódicos, pero este sigue dudando… hasta que, al leer una noticia aparentemente banal sobre un destino militar concreto que solo él conocía, entiende que la información no puede ser falsa. Con esa revelación, y consumido por la realidad de su situación, Martín Cerezo finalmente acepta la rendición.
¿Qué pasa con los soldados de Baler?
Antes de rendirse oficialmente, el Teniente Cerezo entrega una última orden: que en las actas de defunción de los soldados fusilados por intento de deserción no conste la verdadera causa, para proteger la memoria de sus familias. El último gesto humano de un mando que había sido inflexible hasta el final.
Los supervivientes salen de la iglesia tras 337 días de asedio, entre ellos Carlos, que recibe del Teniente un certificado de comportamiento ejemplar. Es un pequeño consuelo tras tantas penalidades. Los tagalos, lejos de tomar represalias, les despiden con una guardia de honor, reconociendo el coraje y la resistencia que mostraron hasta el final.
Mientras los españoles se alejan, los filipinos celebran la liberación del pueblo. Juan, el desertor, observa la retirada de sus antiguos compañeros, testigo silencioso del final de una etapa de la historia.
El sitio de Baler termina así, el 2 de junio de 1899, tras casi un año de resistencia. De los 50 soldados originales, solo sobrevivieron 33. Murieron 17 soldados españoles y casi 700 filipinos. De los supervivientes, únicamente Martín Cerezo fue condecorado con la Laureada, aunque las cicatrices físicas y emocionales quedaron para siempre.
Reflexión final: una derrota convertida en leyenda
1898. Los últimos de Filipinas no es solo la crónica de una derrota militar, sino un retrato descarnado del absurdo de la guerra. Más allá del patriotismo y la resistencia, la película deja claro que estos soldados fueron víctimas de decisiones políticas lejanas y de un imperio en decadencia que les había olvidado por completo.
El final nos muestra cómo la terquedad de sus mandos les llevó a resistir mucho más de lo necesario, pero también cómo, a pesar de todo, lograron salir con cierta dignidad. La despedida con honores por parte de los filipinos no es un triunfo, sino un reconocimiento humano entre enemigos que se respetan por haber soportado lo insoportable.
Carlos, que soñaba con ser pintor, lo pierde todo, incluso su cuaderno de dibujos. Y Martín Cerezo, tan fiel al reglamento, queda marcado como uno de los “tontos de Baler”. Sin embargo, en su última decisión, entendemos que no fue la victoria ni la obediencia ciega lo que realmente importaba, sino conservar, al menos, un atisbo de humanidad.
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