“Mamífera” (2024), dirigida por Liliana Torres y protagonizada por María Rodríguez Soto, es una película íntima y honesta sobre el deseo –o más bien, la falta de él– de ser madre. Lola, una artista y profesora de collage, lleva una vida tranquila con su pareja, Bruno.
Pero un embarazo inesperado sacude sus cimientos. Mientras el mundo que la rodea gira en torno a la maternidad, Lola se encuentra atrapada entre sus propias certezas, las dudas ajenas y el juicio social.
Final explicado de Mamífera: ¿Qué decisión toma Lola?
A lo largo de la película, Lola lidia con un torbellino de emociones. No siente el deseo de ser madre, y sin embargo, todo su entorno –amigas, pareja, ginecólogos, familiares– gira en torno a la idea de la maternidad como meta inevitable. Tras enterarse de que está embarazada, Lola y Bruno deciden, sin titubeos, que no quieren tener hijos. Acuden a una clínica para informarse sobre la interrupción voluntaria del embarazo, pero el sistema les exige pensarlo durante varios días.
Durante ese tiempo, Lola observa la maternidad desde fuera: ayuda a sus amigas con sus hijos, escucha sus agobios, atiende a su hermana y sus sobrinos, e incluso se coloca una barriga falsa como parte de sus montajes artísticos. Mientras tanto, Bruno empieza a cuestionarse: ¿y si sí quieren? ¿Y si este bebé fuera “algo de los dos”? Su planteamiento siembra la duda en Lola, pero ella no puede evitar sentir que algo no encaja.
Todo se intensifica con pesadillas, reflexiones y conversaciones reales con su madre, su amiga Paula y consigo misma. Finalmente, decide seguir adelante con el aborto. La última escena la muestra saliendo de la clínica acompañada por Bruno, que la apoya con ternura, sin imponerle nada.
El conflicto interno: ¿es normal no querer ser madre?
Uno de los grandes aciertos de Mamífera es mostrar sin tapujos lo que muchas mujeres sienten y no siempre se atreven a decir. Lola se cuestiona si hay algo roto en ella por no desear ser madre. Observa a sus amigas volcadas en la maternidad, en sus tratamientos de fertilidad, en los hijos ya nacidos. Todo su entorno parece decirle que tener hijos es lo natural. Pero ella no lo siente así.
La película aborda con honestidad la presión social que pesa sobre las mujeres que no siguen ese camino. ¿Se puede formar una familia sin hijos? ¿Se puede ser mujer sin desear ser madre? Mamífera lanza estas preguntas sin necesidad de dar respuestas tajantes, porque cada mujer es un mundo.
Bruno y el cambio de rumbo
Bruno empieza como un apoyo claro para Lola. Ambos están de acuerdo en no tener hijos… hasta que el embarazo pone todo en duda. Bruno, sin imponerse, plantea su deseo de imaginar otra vida. Se emociona con la idea de criar juntos, de formar una familia. Su cambio de perspectiva no es violento, pero sí genera una ruptura emocional en la pareja. Lola siente que las dudas de él chocan con su propia claridad, y eso la hace tambalearse.
Aunque finalmente Bruno acepta la decisión de Lola y la acompaña, el conflicto deja huella. El aborto no es solo físico, también emocional, y la relación entre ellos queda tocada, aunque basada en el respeto y el cariño.
¿Qué papel juegan las amigas y la familia?
A lo largo de la historia, Lola tiene múltiples encuentros con mujeres cercanas que le sirven de espejo: Judit, obsesionada con quedarse embarazada y frustrada tras un nuevo intento fallido; Sonia, que no puede dejar a su hija ni para ir a una exposición; Isa, su hermana, desbordada con sus dos hijos; y Paula, su mejor amiga, que ya es madre y le reconoce que la maternidad no es lo que esperaba.
Su madre también le ofrece un testimonio honesto: tuvo hijos porque “era lo que se hacía”, y aunque las quiere con locura, también se imagina otra vida que nunca tuvo. Todas estas voces ayudan a Lola a formarse una visión más realista, compleja y humana de lo que significa tener (o no tener) hijos.
El simbolismo de los collages y los sueños
Lola es artista visual, y su mundo interior se traduce en collages cargados de metáforas. En sus sueños vemos carros de la compra con bebés, montañas de tripas de embarazadas, cadenas de montaje con niños, e incluso un desierto donde sus propias creaciones cobran vida. Todo ese imaginario sirve para expresar su angustia, su duda, su desconexión con el deseo de maternidad.
En el sueño final, tras el aborto, se ve sola sobre un fondo gris, con pájaros que salen de su vientre. No hay vacío, hay transformación. Es un cierre poético que habla más de liberación que de pérdida.
Conclusión de Mamífera
Mamífera es una película valiente, tierna y necesaria. No busca provocar, sino dar voz a una experiencia poco representada en el cine: la de las mujeres que no desean ser madres. El final no es trágico ni complaciente. Es simplemente humano.
Con el apoyo de sus amigas, que llegan a su casa justo cuando más lo necesita, Lola entiende que no está sola. Que su decisión no la hace menos mujer. Que hay muchas formas de vivir, de amar, de ser familia. Y sobre todo, que no hace falta justificarse por no seguir el camino marcado.
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