“Salve Maria” (2024), dirigida por
A través de capítulos titulados con frases de autoras como Adrienne Rich, Sylvia Plath, Simone de Beauvoir o incluso Medea, la película se adentra en el abismo psicológico de una mujer que ama a su hijo, pero que también se siente atrapada por la maternidad.
Final explicado de "Salve María": ¿Qué ocurre con María?
En la parte final de la película, María parece a punto de romperse. Tras acumular semanas de ansiedad, frustración y una creciente obsesión con la mujer que mató a sus hijos, decide marcharse sola a Taüll, dejando a su bebé, Eric, con Ana, una conocida del grupo de madres, sin avisar a su marido, Nico.
Viaja a la montaña buscando a esa “Alice” —la infanticida— con la que se ha obsesionado, quizás no tanto por admiración, sino por un deseo inconsciente de entender qué llevó a una madre a cruzar la línea del horror. En el fondo, María no busca a otra persona. Se busca a sí misma.
Cuando se da cuenta de que ha dejado a su hijo enfermo, que ella misma tiene una mastitis, y que su marido y Ana están desesperados buscándola, decide volver. Al llegar a urgencias, encuentra a Nico cuidando de Eric. Es entonces cuando, por fin, María confiesa en voz alta lo que ha estado reprimiendo todo este tiempo: “A veces deseo que se muera, y es horrible.”
Ese momento de sinceridad brutal es el verdadero clímax de la película. María no es una villana. Es una mujer agotada, atravesada por un dolor que no sabe cómo nombrar. La maternidad, idealizada tantas veces, se muestra aquí como una experiencia ambivalente, con belleza, pero también con rabia, cansancio y soledad.
La maternidad como espacio de contradicción
“Salve María” no es un thriller, ni una historia sobre una mujer al borde del crimen. Es una película sobre cómo la sociedad carga sobre las mujeres el peso de la maternidad perfecta. María quiere ser madre, pero también escritora, persona, pareja, amiga. Se siente juzgada por todos: por su marido, por otras madres, por su propia culpa.
La figura de la mujer que ahoga a sus hijos no es una amenaza externa. Es el fantasma del miedo de muchas madres primerizas: el de no estar a la altura, el de perderse a sí mismas. María se obsesiona con esa historia porque teme, en lo más profundo, acabar como ella.
Una salida posible: la fragilidad compartida
En el epílogo, vemos a María tiempo después. Se ha separado de Nico, está en tratamiento psiquiátrico y ha retomado su novela, aunque aún no ha escrito el final. Pasa tiempo con su hijo, que ha crecido, y empieza a reconstruir su vida poco a poco, sin presiones.
Cuando lo entrega a Nico en la estación, se percibe que aún están lejos de una familia “normal”, pero se respetan y se cuidan. María también ha recuperado una parte de sí misma: vuelve a bailar con sus amigas, sonríe. Está herida, pero no rota. Ya no desea desaparecer. Está escribiendo su final.
Conclusión de "Salve María"
Salve María es un retrato valiente, doloroso y necesario sobre la maternidad real, esa que no siempre es idílica. La película no busca respuestas fáciles ni culpables. Solo muestra la verdad incómoda de muchas mujeres que, al convertirse en madres, sienten que su identidad se desdibuja.
La historia de María nos recuerda que está bien no poder con todo, que es urgente hablar del lado oscuro de la maternidad sin tabúes ni juicios. Porque, como dice el epígrafe final: “Las madres no escriben. Las madres están escritas”. Salve María devuelve la voz a todas ellas.
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