Repasamos la evolución de un director que ha convertido el silencio, los espacios cerrados y la tensión sostenida en su sello personal.
Hoy viernes se estrena en España
Hokum, y es un buen momento para detenerse en la trayectoria de
Damian McCarthy, un director que ha ido creciendo sin estridencias pero con una identidad cada vez más reconocible dentro del terror contemporáneo.
No es un cineasta especialmente prolífico, tampoco uno de esos nombres omnipresentes en titulares, pero con apenas tres largometrajes ha conseguido algo que no todos logran:
que su estilo empiece a ser reconocible.
El inicio: atmósfera antes que artificio
Cuando en 2020 llegó
Caveat, muchos la descubrieron casi por accidente. Una producción pequeña, de presupuesto contenido, con una premisa aparentemente sencilla: un hombre acepta cuidar a una mujer psicológicamente inestable en una casa aislada.
Sin grandes despliegues técnicos ni efectos espectaculares, la película construía algo más incómodo. Un uso del espacio casi opresivo, un ritmo deliberadamente pausado y detalles inquietantes —
como ese conejo mecánico que todavía hoy resulta perturbador— convertían el entorno en una trampa emocional.
Caveat no era perfecta ni pretendía serlo. Pero ya dejaba claro que McCarthy entendía el miedo como una acumulación progresiva, no como una sucesión de golpes de efecto.
Confirmación con Oddity
En 2024 llegó
Oddity, y ya no se trataba de una casualidad. La película introducía una figura de madera de tamaño humano que se convirtió en uno de los elementos más inquietantes del terror reciente.
Lejos de subrayar el horror con música constante o montaje acelerado, McCarthy apostaba otra vez por la tensión sostenida. Escenas que se alargaban un segundo más de lo habitual. Silencios que pesaban. Espacios que parecían observar a los personajes.
Con Oddity comenzaron a aparecer con más frecuencia las menciones a su nombre dentro del panorama del terror europeo. No por reinventar el género, sino por recordarle al público que el miedo puede ser elegante, contenido y paciente.
Hokum: el salto definitivo
Ahora llega
Hokum, que se estrena este fin de semana en cines españoles y que muchos consideran su trabajo más ambicioso hasta la fecha.
La historia sigue a un escritor de terror que viaja a un hotel remoto en Irlanda para esparcir las cenizas de sus padres, solo para verse envuelto en una presencia vinculada al folclore y las supersticiones locales. La premisa puede invitar a comparaciones evidentes con otros clásicos ambientados en hoteles aislados, pero las primeras críticas coinciden en señalar que McCarthy mantiene su sello personal.
Más que buscar el susto inmediato, la película parece apostar por la atmósfera, por la construcción lenta del malestar y por un entorno que no es solo escenario, sino entidad propia.
Si algo une sus tres largometrajes es la forma en que convierte los escenarios en algo vivo. En
Caveat, el granero era casi una trampa mental; en
Oddity, la casa respiraba inquietud en cada rincón; y en
Hokum, el hotel no es solo un decorado, sino una presencia que pesa sobre los personajes. No es cuestión de presupuesto, sino de mirada. Y aunque todavía sea pronto para coronarlo como uno de los grandes, lo cierto es que con cada película ha ido afinando su estilo sin perder identidad.
Hokum servirá para confirmar si el salto es definitivo, pero lo que ya está claro es que lo suyo no es casualidad: sabe cómo construir miedo desde el espacio, y eso hoy no es tan habitual.
Korben
#1
Pues habrá que ver Hokum. Oddity era bastante decente La que tengo pendiente es la de Caveat.
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