Más allá de los muertos vivientes: tres películas olvidadas que muestran el lado más incómodo, íntimo y personal de Romero.
Cuando se habla de
George A. Romero, casi siempre entramos en piloto automático:
La noche de los muertos vivientes,
Zombi,
El día de los muertos…. Como si su carrera se resumiera únicamente en cadáveres ambulantes y centros comerciales infestados.
Pero Romero fue bastante más que el padre del zombi moderno. De hecho, algunas de sus películas más interesantes son también las menos vistas. Títulos pequeños, raros, incómodos incluso, que no encajan del todo en la imagen popular que tenemos de él. Y quizá por eso mismo resultan tan fascinantes cuando las descubres.
Estas son tres de esas películas que casi nadie menciona… y que dicen mucho sobre el verdadero Romero.
La Estación de la Bruja (1972): feminismo, ocultismo y frustración doméstica
Antes de que el terror fuera un escaparate de grandes efectos, Romero rodó
La Estación de la Bruja (
Season of the Witch), una película que desconcierta a quien espera sangre y vísceras.
Aquí no hay zombis. Hay una mujer de mediana edad atrapada en una vida doméstica que la asfixia lentamente. Lo que empieza como un drama casi íntimo sobre frustración, deseo y pérdida de identidad, termina derivando hacia el ocultismo y la brujería como vía de escape.
Vista hoy, la película resulta sorprendentemente moderna. Romero habla de represión, de roles impuestos, de ansiedad, y lo hace con una mezcla extraña de psicología y misticismo que no siempre funciona del todo… pero que tiene algo muy honesto. Se nota que está probando cosas. Buscando otra forma de incomodar al espectador.
No es redonda, pero tiene ese aire setentero crudo que te hace sentir que estás viendo algo vivo, imperfecto, pero sincero.
Martin (1977): el vampiro que quizá no lo sea
Si hay una película de Romero que debería ser reivindicada más a menudo es
Martin.
Aquí el terror no viene de criaturas sobrenaturales evidentes, sino de la ambigüedad. Martin es un joven convencido de que es un vampiro… aunque no tiene colmillos ni poderes. Solo una necesidad obsesiva de beber sangre. ¿Está loco? ¿Es un depredador con delirios? ¿O hay algo más?
Romero juega constantemente con esa duda. La película es seca, incómoda, casi triste. Hay muy poco glamour en este vampirismo. Nada de romanticismo gótico. Solo soledad, violencia contenida y una sensación de que estamos viendo algo demasiado real.
Muchos la consideran su mejor película fuera de la saga zombi, y no es exagerado. Tiene una crudeza que incluso hoy resulta incómoda. Y demuestra que Romero sabía trabajar el terror psicológico con la misma precisión con la que filmaba hordas de muertos.
El Rostro de la Venganza (2000): el Romero más silencioso
El Rostro de la Venganza (Bruiser) llegó en el año 2000 y pasó prácticamente desapercibida. No tenía zombis. No tenía grandes campañas. Y tampoco tenía el respaldo crítico de sus clásicos.
La historia es sencilla y muy Romero: un hombre corriente, humillado por todos los que le rodean, despierta un día con el rostro convertido en una máscara blanca inexpresiva. A partir de ahí, comienza una espiral de violencia contra quienes le han pisoteado durante años.
Puede que no sea su película más lograda, pero sí es una de las más interesantes en concepto. Romero vuelve a hablar de identidad, alienación y rabia contenida. Cambia los muertos vivientes por un hombre que deja de sentirse humano. Y en el fondo, el tema no es tan distinto.
Es una película pequeña, incluso irregular, pero tiene esa mirada amarga sobre la sociedad que siempre estuvo en su cine.
Carlos Teorético
#1
Sólo conozco «El Rostro de la Venganza», la vi hace tiempo en la madrugada en televisión abierta.
Reportar CitarMe gustó la película, en especial me gustó mucho la metáfora de la máscara cómo de color blanco va pasando a, digamos, otra coloración.