Las primeras críticas de Sin Piedad (2026) —título internacional Mercy— ya han llegado y el diagnóstico general es duro: la nueva distopía tecnológica protagonizada por Chris Pratt está siendo recibida mayoritariamente como un thriller fallido, atrapado entre una idea sugerente y una ejecución que muchos consideran torpe, agotadora y carente de verdadera tensión.
Dirigida por Timur Bekmambetov, especialista en el llamado screenlife, la película plantea un futuro cercano donde una inteligencia artificial decide la culpabilidad —y la ejecución— de los acusados en tiempo real. Sobre el papel, la premisa despertaba curiosidad. En pantalla, la crítica no parece tan convencida.
Una idea potente… mal contada
Varios críticos coinciden en que el principal problema de Sin Piedad no es lo que cuenta, sino cómo lo hace. Odie Henderson, del Boston Globe, resume el sentir general al recordar una frase clásica de Roger Ebert: “no importa de qué va una película, sino cómo va”, y sentencia que Mercy “fracasa completamente en ese ‘cómo’”.
Más demoledor aún es Peter Howell, del Toronto Star, que le otorga un rotundo 0/4 y la describe como “perezosamente escrita, caóticamente dirigida y carente del más mínimo rastro de entretenimiento”. En una línea similar, Nick Schager, de The Daily Beast, la define como “la película más gris y soporífera de este arranque de año”.
Mirar pantallas… durante hora y media
El enfoque visual también ha generado rechazo. Frank Scheck, de The Hollywood Reporter, ironiza afirmando que la película “debería ser evitada por cualquiera que sufra adicción a las pantallas, es decir, prácticamente todo el mundo”. Una crítica que apunta directamente al abuso de cámaras, interfaces digitales y pantallas flotantes que dominan casi todo el metraje.
Desde IndieWire, Wilson Chapman considera que el conjunto transmite “la sensación de un primer borrador, hecho deprisa y con ganas de pasar página”, mientras que IGN bromea diciendo que Mercy “te desafía a mirar a Chris Pratt durante dos horas mientras aceptas a nuestros nuevos señores de la IA”.
¿Distopía crítica o apología del control?
Uno de los puntos más polémicos del film es su discurso. Alonso Duralde, en The Film Verdict, afirma que la película “pretende ser una advertencia contra la justicia algorítmica, pero en realidad acaba promoviendo el estado de vigilancia como solución al crimen”. Una acusación similar lanza Clarisse Loughrey, del Independent, que la califica como “una obra desconcertante que normaliza horrores propios de las distopías policiales”.
No todos, eso sí, han sido tan duros. Owen Gleiberman, en Variety, reconoce que el concepto recuerda a viejos thrillers de ciencia ficción ochenteros, pero admite que la película “es uno o dos puntos mejor de lo que cabría esperar”. También Peter Bradshaw, del Guardian, destaca que resulta “ingeniosa y razonablemente entretenida”, aunque considera que su clímax se desliza hacia lo absurdo.
Un thriller de enero… en todos los sentidos
En conjunto, Sin Piedad está siendo recibida como un producto muy propio del mes de enero: una película con una idea llamativa, pero escasa ambición real y un desarrollo que no logra sostener su discurso ni su suspense. Algunos críticos rescatan su ritmo, su planteamiento formal o el trabajo de Rebecca Ferguson como juez artificial, pero son minoría frente a un aluvión de reseñas negativas.
Puede que intrigue por su premisa o por la curiosidad de ver a Bekmambetov volver al screenlife. Pero el consenso dominante es claro: mucho aparato tecnológico, poca alma y aún menos emoción.
Carlos Teorético
#1
¿Soy yo, o Chris Pratt se está uniendo al club de los actores que tienen en su trayectoria más fracasos que éxitos?
Reportar Citar