Las primeras críticas de Primate (2026) ya han salido a la luz y el veredicto general es bastante claro: estamos ante un creature feature sin complejos, una película de terror de serie B que no pretende reinventar el género, pero que sabe exactamente qué ofrecer y cómo hacerlo.
Dirigida por Johannes Roberts, responsable de A 47 Metros, la cinta apuesta por una fórmula clásica —animal doméstico convertido en monstruo— y la ejecuta con ritmo, violencia explícita y un sorprendente cuidado técnico que ha convencido a buena parte de la crítica especializada.
Un festival de gore tan simple como efectivo
La mayoría de críticas coinciden en definir Primate como una experiencia directa, brutal y sin distracciones. Medios como Variety, The Guardian, RogerEbert.com o TheWrap destacan su condición de slasher animal sin subtexto ni pretensiones, construido para provocar tensión, sobresaltos y vísceras volando.
El punto más elogiado es su ritmo ajustado —apenas 89 minutos— y el uso de efectos prácticos, especialmente en la creación del chimpancé Ben, interpretado físicamente por Miguel Torres Umba. Para muchos críticos, el realismo del monstruo y su presencia física convierten a Ben en uno de los villanos más memorables del terror reciente dentro de su categoría.
No faltan comparaciones con Cujo, Tiburón o incluso el episodio simiesco de Nop, aunque aquí Roberts no deja nada a la imaginación.
Virtudes técnicas… y un guion de usar y tirar
Donde empiezan las divisiones es en el apartado narrativo. Críticos como los de IndieWire, Los Angeles Times o Slant Magazine señalan que el guion es endeble, plagado de decisiones absurdas y personajes diseñados casi exclusivamente para morir de forma creativa.
Incluso reseñas positivas reconocen que los protagonistas humanos están poco desarrollados y que la lógica interna del relato se sostiene con alfileres. Aun así, para buena parte de la prensa esto no es un defecto grave, sino casi una virtud: Primate no busca reflexión ni empatía, sino carnicería eficaz.
Un B-movie orgulloso de serlo
Medios como AV Club, Screen International o Time Out resumen bien el consenso: Primate es una película que funciona mejor cuanto menos se analiza. Entregada, ruidosa y conscientemente absurda, se apoya en el suspense visual, el montaje preciso y un villano animal que impone respeto desde su primera aparición.
El propio Guardian celebra su “refrescante falta de pretensión”, mientras que Bloody Disgusting la define como una vuelta a los animal attack movies clásicos, con una puesta en escena moderna pero espíritu ochentero.
Entre el disfrute culpable y el olvido inmediato
En conjunto, Primate está siendo recibida como lo que es: un pasatiempo salvaje, sangriento y técnicamente competente. No aspira a perdurar ni a marcar época, pero cumple con creces su objetivo de sacudir al espectador durante hora y media.
Si buscas profundidad, desarrollo psicológico o coherencia científica, probablemente salgas decepcionado.
Si te apetece un slasher con un chimpancé arrancando caras, la crítica coincide bastante más de lo que parece: Primate cumple… y muerde fuerte.
Los primeros 35 minutos son infumables.... luego arranca el slasher y aparece otra película mucho más entretenida. Eso sí, aparte del mono los personajes tienen menos profundidad y carisma que cualquier víctima de slasher ochentero .... un 2.8/5
TITO96
#1
Pues hare un esfuerzo financiero para verla.
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