Dos visiones, un mismo mito… y razones de peso para descubrir la nueva versión europea
Antes de entrar en materia, conviene dejar algo claro: la nueva versión de
Drácula dirigida por
Luc Besson no existe para “
repetir” lo que ya hizo
Francis Ford Coppola, sino para dialogar con ese legado desde otro lugar. La historia es la misma —porque el mito lo es—, pero el enfoque cambia lo suficiente como para justificar su existencia y, sobre todo, para resultar estimulante incluso para quienes conocen el relato al dedillo.
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Aviso de spoilers: a continuación se analizan diferencias clave en la trama y los personajes.
Un origen similar… pero con un amor mucho más obsesivo
Tanto Drácula de los 80s como el Drácula actual arrancan de forma muy similar: el origen del vampiro, su pasado como guerrero y la tragedia que lo empuja a renegar de Dios. Sin embargo, el tono emocional es muy distinto.
En la versión de Besson, el foco se coloca de forma abrumadora en el deseo enfermizo y absoluto entre Drácula y Elisabeta. Es un amor tan intenso como imposible, casi destructivo. En Coppola, ese vínculo es más frío, más solemne y contenido.
La diferencia clave está en la muerte de Elisabeta:
- En Coppola, se suicida tras recibir una carta falsa de los turcos anunciando la muerte de Drácula.
- En Besson, Elisabeta huye de un grupo de turcos. Drácula llega a salvarla, pero al lanzar su espada para matar al último enemigo, esta empala tanto al villano como a Elisabeta, causándole la muerte de forma accidental.
El resultado es un Drácula aún más culpable, más trágico… y más condenado. A partir de ahí, el destino es el mismo: la negación de Dios y la maldición eterna.
Renfield desaparece… y nace un personaje clave
Uno de los cambios más significativos es la ausencia total de Renfield en la versión de Besson. En su lugar aparece María, un personaje femenino que asume su función narrativa y que, además, fusiona rasgos del propio Renfield y de Lucy, la amiga de Mina.
Este cambio no solo moderniza el relato, sino que refuerza los vínculos entre los personajes y simplifica la estructura sin perder riqueza dramática. Es una decisión arriesgada, pero sorprendentemente eficaz.
Gárgolas en lugar de vampiras
El castillo de Drácula también presenta una variación notable.
En Coppola, Jonathan Harker es recibido por las icónicas vampiras.
En Besson, los guardianes del castillo son gárgolas.
A primera vista puede resultar un giro extraño —estas criaturas rozan lo grotesco y lo fantástico— y podrían romper la estética clásica. Sin embargo, su presencia cobra sentido en el tramo final del filme y encaja mejor de lo esperado dentro del tono más simbólico y europeo que propone Besson.
De Londres a París: un cambio de escenario con lógica
Mientras que la versión de Coppola sitúa el grueso de la acción en Londres, Besson traslada la trama principal a París. No es solo una cuestión de nacionalidad del director: el cambio aporta una identidad visual y cultural propia, alejando la película de la sombra directa de Coppola y reforzando su personalidad.
El perfume: seducción química frente a influjo sobrenatural
Uno de los elementos más originales de la versión de Besson es la introducción del perfume. Aquí, Drácula crea una esencia capaz de volver irresistibles a las mujeres, sustituyendo el simple influjo hipnótico de la versión de Coppola.
Este recurso se introduce de forma especialmente elegante durante una escena con Harker: cuando Drácula está a punto de matarlo —colgándolo boca abajo para facilitar el flujo de sangre—, Harker le pide como último deseo que le cuente su historia. Es entonces cuando el relato del perfume y del pasado de Drácula se despliega.
Van Helsing: de científico a sacerdote
Otra diferencia fundamental está en el antagonista de Drácula.
En Coppola, Van Helsing es un científico cazavampiros interpretado por Anthony Hopkins.
En Besson, el personaje equivalente es un sacerdote, interpretado por Christoph Waltz.
Curiosamente, nunca se menciona su nombre, pero su función es evidente. Este cambio resulta especialmente interesante porque enfrenta la fe contra lo sobrenatural, en lugar de la ciencia contra el mito, dotando al conflicto de una coherencia interna muy potente.
Un final distinto… y una salvación posible
El desenlace también marca una clara diferencia:
- En Coppola, es Mina quien mata a Drácula.
- En Besson, es el sacerdote quien lo ejecuta.
Pero hay un matiz crucial: antes de morir, Drácula es convencido de arrepentirse de sus pecados, aceptando su muerte como vía de salvación. Ese acto no solo lo libera a él, sino que redime también a Mina/Elisabeta reencarnada.
Dos Dráculas, dos miradas complementarias
La versión de Luc Besson no pretende sustituir a la de Coppola, sino complementarla. Donde Coppola ofrecía barroquismo, romanticismo y solemnidad, Besson apuesta por la obsesión, la culpa y una lógica emocional más directa.
El resultado es una reinterpretación que puede sorprender, dividir… pero que merece ser vista, especialmente para quienes creen conocer ya todas las versiones posibles del Príncipe de las Tinieblas.
Salper
#1
Me quedo con la Coppola
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