Ahora que El Vestido está calentando motores de cara a su estreno exclusivamente en cines el 13 de febrero de 2026, parece un buen momento para mirar atrás y repasar la trayectoria de Belén Rueda dentro del cine de terror y el fantástico. No tanto desde el repaso académico, sino desde algo más sencillo: cómo se ha ido ganando, película a película, un sitio muy concreto dentro del género.
Su nombre lleva ya más de una década ligado al miedo que funciona, al suspense que cala despacio y a historias que no se quedan solo en el susto puntual. Películas que te acompañan después, cuando ya has apagado la pantalla y sigues dándole vueltas a lo que acabas de ver.
El nuevo capítulo: El Vestido
En El Vestido, Belén Rueda interpreta a Alicia, una mujer que intenta recomponer su vida tras un divorcio y una mudanza junto a su hija a una casa aislada. Lo que empieza como un intento de empezar de cero se va torciendo poco a poco cuando la niña encuentra un vestido azul ligado a un pasado turbio. A partir de ahí, aparece una presencia inquietante que no tarda en remover secretos enterrados, traumas familiares y una violencia que nadie veía venir.
La película, dirigida por Jacob Santana, mezcla terror sobrenatural con un enfoque muy centrado en lo psicológico, en el peso de los legados familiares, la salud mental y esos miedos que se arrastran sin saber muy bien de dónde vienen.
Además, el proyecto tiene un componente especialmente personal para Rueda, ya que comparte pantalla por primera vez con su hija, Belén Écija, un detalle que suma carga emocional a un regreso al género que, de por sí, ya era significativo.
El origen de la scream queen española
El orfanato (2007) — El impacto que nadie olvidó
El verdadero punto de inflexión en la carrera de Belén Rueda dentro del terror llegó con El orfanato, dirigida por J. A. Bayona. La historia de Laura y la desaparición de su hijo en un orfanato cargado de recuerdos y silencios no solo fue un éxito rotundo de público y crítica, sino que marcó un antes y un después para el género en España.
Rueda construyó un personaje profundamente humano, frágil y muy cercano, haciendo que el miedo naciera más de la emoción, del duelo y de la culpa que del sobresalto fácil. Esa mezcla de terror puro y drama íntimo conectó de lleno con el espectador y convirtió la película en un referente inmediato que aún hoy sigue muy presente.
Los ojos de Julia (2010) — El miedo desde dentro
Después de El orfanato, Rueda encadenó otro título clave con Los ojos de Julia. En esta ocasión interpreta a una mujer que va perdiendo la vista mientras intenta esclarecer la misteriosa muerte de su hermana gemela, atrapada en una investigación cada vez más asfixiante.
La película juega constantemente con el miedo a perder los sentidos y con la sensación de indefensión absoluta, construyendo un thriller tenso y opresivo que se vive casi desde dentro. Una vez más, la interpretación de Rueda aporta credibilidad y peso emocional a una historia donde la angustia acaba siendo tan importante —o más— que el propio terror.
No dormirás (2018) — Pesadillas que no descansan
Con You Shall Not Sleep (o No dormirás), Rueda se adentró en un terreno más psicológico y experimental dentro del género. La historia sigue a una actriz integrada en un grupo teatral que somete a sus miembros a experiencias extremas de insomnio en un hospital psiquiátrico abandonado, buscando alcanzar un estado creativo límite.
A partir de ahí, la película se vuelve cada vez más opresiva, jugando con la privación del sueño, la sugestión y la pérdida de control. La atmósfera inquietante y esa sensación constante de realidad deformada son el verdadero motor de una propuesta que apuesta claramente por el miedo interior antes que por el susto inmediato.
La ermita (2023) — Fantasmas, fe y rituales
En La ermita, dirigida por Carlota Pereda, Belén Rueda vuelve a acercarse a lo sobrenatural desde un enfoque más contenido y atmosférico, alejándose del terror urbano más reconocible. La historia sigue a una médium y a una niña con la capacidad de comunicarse con un espíritu atrapado, en un entorno rural marcado por la tradición, el aislamiento y las creencias heredadas.
La película apuesta por un terror gradual, casi silencioso, donde el peso recae en los rituales, la fe y la tensión emocional. Un nuevo ejemplo de cómo Rueda sabe sostener historias donde lo inquietante no viene de fuera, sino de lo humano.
Con El Vestido, Belén Rueda vuelve al terreno donde ha firmado algunos de sus trabajos más recordados. No es simplemente otra película de terror más, sino el regreso de una figura clave del género en España, una actriz que ha sabido hacer del miedo algo cercano, reconocible y profundamente emocional.
Porque si algo ha demostrado a lo largo de los años es que el terror no solo se siente en la oscuridad… sino en lo que se queda contigo cuando las luces se encienden.