Tras el inmenso éxito cosechado por El Ultimo Emperador, Bernardo Bertolucci firmó en 1989 esta película que no cosechó la infinidad de premios de su predecesora.
Se trata de un film intimista que adapta -con reparos- la novela homónima de Paul Bowles publicada en 1949. Apoyada en los magníficos paisajes del desierto del Sahara y en la estupenda música de Ryuichi Sakamoto, Bertolucci nos relata los esfuerzos y desesperanzas de una pareja dominada por el desencanto y la falta de perspectivas ante las encrucijadas de la vida, tomando como hilo conductor un viaje que realizan a través del norte de Africa.
El peso de la película recae casi por completo en sus dos protagonistas -Winger y Malkovich-, que aguantan perfectamente esa responsabilidad, superándola con nota. No es un film para todos los paladares, desde luego, pero merece la pena detenerse en las dos horas y cuarto que dura y meterse en la piel de ese matrimonio que camina en la cuerda floja. A mí me encantó.
elmalem
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Tras el inmenso éxito cosechado por El Ultimo Emperador, Bernardo Bertolucci firmó en 1989 esta película que no cosechó la infinidad de premios de su predecesora.
Se trata de un film intimista que adapta -con reparos- la novela homónima de Paul Bowles publicada en 1949. Apoyada en los magníficos paisajes del desierto del Sahara y en la estupenda música de Ryuichi Sakamoto, Bertolucci nos relata los esfuerzos y desesperanzas de una pareja dominada por el desencanto y la falta de perspectivas ante las encrucijadas de la vida, tomando como hilo conductor un viaje que realizan a través del norte de Africa.
El peso de la película recae casi por completo en sus dos protagonistas -Winger y Malkovich-, que aguantan perfectamente esa responsabilidad, superándola con nota. No es un film para todos los paladares, desde luego, pero merece la pena detenerse en las dos horas y cuarto que dura y meterse en la piel de ese matrimonio que camina en la cuerda floja. A mí me encantó.
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