Sergei Eisenstein, uno de los más importantes directores del cine mudo, realizó esta película a órdenes del dictador soviético Stalin en 1927 con el fin de rememorar la Revolución Rusa sucedida diez años antes, en el mes de octubre de 1917, y que significó el triunfo del partido bolchevique capitaneado por Lenin. Stalin se encargó de examinar minuciosamente el film, cortando varias escenas y retrasando su estreno hasta 1928. “Octubre” la podemos calificar como película propagandística de la Unión Soviética, porque de eso trata ni más ni menos: Narra desde la Revolución de febrero de 1917 hasta la Revolución de octubre del mismo año con total fidelidad, por lo que el film como documento histórico no tiene precio. Ahora bien, si se desconocen los hechos sucedidos es difícil comprender bien “Octubre”, pues aparece una gran serie de nombres de personas, lugares, fechas, etc. que desconcertaría por completo al espectador si éste no sabe de quién o qué se habla.
Analizando la película con más profundidad, observamos que está rodada de una forma que parece casi un documental (incluso si mal no recuerdo hay algunas imágenes de archivo reales). No hay presentación de personajes, no existen protagonistas principales y tampoco hay un argumento concreto que haya que seguir. En su lugar muestra una serie de hechos históricos que el espectador debe hilvanar para entender su sentido, algo que también puede resultar algo dificultoso por su rápido y a la vez extraordinario montaje. Si por algo destacó su director Eisenstein fue por sus excelentes e innovadoras aportaciones al montaje cinematográfico.
Concretamente el montaje de “Octubre” está dotado de una gran complejidad. La utilización de planos de corta duración es abundante, habiéndolos de todos los tipos: generales (las escenas de las huelgas), medios (discursos políticos, conversaciones telefónicas), primeros planos (algunas conversaciones entre los personajes), incluso varios planos detalle (visibles en los pies de los soldados en las marchas militares, o en la introducción de las balas en los fusiles). Muchos de los planos están enlazados durante gran parte del metraje de forma breve, dando sensación de dinamismo y rapidez para incrementar el realismo de las situaciones y para lograr mayor impacto y poderío visual. Esto significó algo totalmente revolucionario ya que nunca antes se había logrado algo así en el cine (de ahí que el espectador pueda perderse y aburrirse soberanamente con la película si carece de información alguna sobre la Revolución Rusa).
Es de destacar también la violencia mostrada en algunas escenas, algo que para la época era inusual (la paliza al bolchevique por los contrarrevolucionarios. O durante una huelga, la muerte y caída del caballo por el puente levadizo). Y por último se debe señalar el uso de metáforas y simbolismos del militarismo (planos de figuras de águilas, por ejemplo), el poder político (la estatua del zar Alejandro III en la escena inicial) o del triunfo de los partidarios del zarismo (cuando, con la técnica del rebobinado, se reconstruye la estatua de Alejandro III).
Y en conclusión, a cualquier pesar, hay que reconocer que es una película que la Unión Soviética usó como propaganda para ensalzar su triunfo y poder en aquella época. Pero también hay que reconocer que “Octubre”, por sus novedades en el apartado técnico, marcó un antes y un después en la historia del cine.
Marcos
8
Sergei Eisenstein, uno de los más importantes directores del cine mudo, realizó esta película a órdenes del dictador soviético Stalin en 1927 con el fin de rememorar la Revolución Rusa sucedida diez años antes, en el mes de octubre de 1917, y que significó el triunfo del partido bolchevique capitaneado por Lenin. Stalin se encargó de examinar minuciosamente el film, cortando varias escenas y retrasando su estreno hasta 1928. “Octubre” la podemos calificar como película propagandística de la Unión Soviética, porque de eso trata ni más ni menos: Narra desde la Revolución de febrero de 1917 hasta la Revolución de octubre del mismo año con total fidelidad, por lo que el film como documento histórico no tiene precio. Ahora bien, si se desconocen los hechos sucedidos es difícil comprender bien “Octubre”, pues aparece una gran serie de nombres de personas, lugares, fechas, etc. que desconcertaría por completo al espectador si éste no sabe de quién o qué se habla.
Analizando la película con más profundidad, observamos que está rodada de una forma que parece casi un documental (incluso si mal no recuerdo hay algunas imágenes de archivo reales). No hay presentación de personajes, no existen protagonistas principales y tampoco hay un argumento concreto que haya que seguir. En su lugar muestra una serie de hechos históricos que el espectador debe hilvanar para entender su sentido, algo que también puede resultar algo dificultoso por su rápido y a la vez extraordinario montaje. Si por algo destacó su director Eisenstein fue por sus excelentes e innovadoras aportaciones al montaje cinematográfico.
Concretamente el montaje de “Octubre” está dotado de una gran complejidad. La utilización de planos de corta duración es abundante, habiéndolos de todos los tipos: generales (las escenas de las huelgas), medios (discursos políticos, conversaciones telefónicas), primeros planos (algunas conversaciones entre los personajes), incluso varios planos detalle (visibles en los pies de los soldados en las marchas militares, o en la introducción de las balas en los fusiles). Muchos de los planos están enlazados durante gran parte del metraje de forma breve, dando sensación de dinamismo y rapidez para incrementar el realismo de las situaciones y para lograr mayor impacto y poderío visual. Esto significó algo totalmente revolucionario ya que nunca antes se había logrado algo así en el cine (de ahí que el espectador pueda perderse y aburrirse soberanamente con la película si carece de información alguna sobre la Revolución Rusa).
Es de destacar también la violencia mostrada en algunas escenas, algo que para la época era inusual (la paliza al bolchevique por los contrarrevolucionarios. O durante una huelga, la muerte y caída del caballo por el puente levadizo). Y por último se debe señalar el uso de metáforas y simbolismos del militarismo (planos de figuras de águilas, por ejemplo), el poder político (la estatua del zar Alejandro III en la escena inicial) o del triunfo de los partidarios del zarismo (cuando, con la técnica del rebobinado, se reconstruye la estatua de Alejandro III).
Y en conclusión, a cualquier pesar, hay que reconocer que es una película que la Unión Soviética usó como propaganda para ensalzar su triunfo y poder en aquella época. Pero también hay que reconocer que “Octubre”, por sus novedades en el apartado técnico, marcó un antes y un después en la historia del cine.
Me gusta (0) Reportar