Segundo de los largometrajes que se rodaron en Hollywood, tras la incursión de Griffith con “La Vieja California” (1910). Esbozo de las diferencias vitales entre el este civilizado y el aún salvaje oeste, a través de los avatares de un señor que se ve obligado a abandonar la ciudad por causa de una acusación injusta.
Basada en la obra de teatro de Edwin Milton Royale, filmada hasta tres veces por el autor en épocas bien distintas, - la última ya sonora de 1931 -, destaca por la filmación de exteriores, sobre todo de las cumbres nevadas, - que se rodaron en Monte Palomar -, y por introducir en el naciente western la idea rousseauniana del buen salvaje… encarnada a aquí por la mujer india que permanece en la sombra casi todo el metraje, velando por el protagonista para, tras la pérdida de su hijo, sacrificar su propia vida en un último gesto de amor.
Pedro Otero Serrano
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Segundo de los largometrajes que se rodaron en Hollywood, tras la incursión de Griffith con “La Vieja California” (1910). Esbozo de las diferencias vitales entre el este civilizado y el aún salvaje oeste, a través de los avatares de un señor que se ve obligado a abandonar la ciudad por causa de una acusación injusta.
Basada en la obra de teatro de Edwin Milton Royale, filmada hasta tres veces por el autor en épocas bien distintas, - la última ya sonora de 1931 -, destaca por la filmación de exteriores, sobre todo de las cumbres nevadas, - que se rodaron en Monte Palomar -, y por introducir en el naciente western la idea rousseauniana del buen salvaje… encarnada a aquí por la mujer india que permanece en la sombra casi todo el metraje, velando por el protagonista para, tras la pérdida de su hijo, sacrificar su propia vida en un último gesto de amor.
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