|
|
De nuevo Clint Eastwood utiliza el tiempo como detonante del suspense, el tiempo que corre contra dos hombres, y ambos perderán la vida si uno de ellos fracasa contra sus imperturbables mecanismos...
En esta precisa etapa de su carrera, el de San Francisco lleva tiempo sin saborear realmente las mieles del éxito desde ¨Los Puentes de Madison¨, con títulos muy destacados en lo personal pero recibidos con frialdad por el público y dejando una taquilla bastante paupérrima. La última obra de este periodo, la fascinante y extraña ¨Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal¨, ha resultado todo un fracaso; va a embarcarse en otro proyecto de adaptación literaria, ahora con ¨True Crime¨, una exitosa obra del autor y guionista Andrew Klavan que versa y reflexiona muy profundamente sobre la pena de muerte.
Pero el director, a quien encanta la novela, lo acepta en un momento en que el universo cinematográfico ha convertido en cliché un epinoso tema del que se sirve para tratar las injusticias y perjuicios que provoca esta anomalía, tan perversa y cuestionable como necesaria, de la Constitución americana, con ejemplos decentes o algo irregulares como los ofrecidos por Bruce Beresford (¨Condenada¨), Arne Glimcher (¨Causa Justa¨) o James Foley (¨Cámara Sellada¨) hasta llegar a ¨Regreso al Paraíso¨ o la misma ¨Milla Verde¨, estrenada el mismo año que la que nos ocupa.
El guión, escrito a varias manos, opta por un detalle que al director le parece bien: cambiar el color de piel del protagonista, Frank, para subrayar con más ahínco las cuestiones raciales y conectarlas con las de la pena capital en un discurso controvertido que sólo Eastwood sabría enfocar con sabiduría y sin recurrir al victimismo barato. En este caso la historia tiene lugar en dos mundos, los habitados por el reo y por Steve: mientras la celda del primero es un pequeño paraíso en llamas que se llena con el amor de su torturada familia y la tranquilidad de una conciencia limpia, el exterior por donde se mueve el segundo está atestado de seres hipócritas y egoístas, que hablan sobre la muerte y la traición con pasmosa frialdad.
Éste como paradigma de tan podrida sociedad, un periodista de sucesos fracasado y cuya existencia la marca el alcoholismo, la mentira y la infidelidad, arquetipo de perdedor con el cual Eastwood siempre ha simpatizado a lo largo de su cine; ¿por qué?, por la oportunidad, aunque sea ínfima, de redimirlo por medio de una lucha contra el tiempo y los elementos, como hacían su Ben Shockley o Frank Horrigan. Para él el tiempo puede servir de reparo o resurrección, y ahora se posiciona en la búsqueda de una verdad y una redención absolutas; el punto de apoyo será Frank, condenado a muerte por asesinato, y la palanca la supuesta víctima, una pobre chica embarazada.
En base a un argumento que recoge los principios del clásico de Hathaway ¨Yo Creo en Ti¨, basado a su vez en un hecho real, Steve se ve movido en una investigación para esclarecer las dudas de esta condena tan dudosa, y el motivo será, irónicamente, la actuación de la muerte como mediadora (a raíz de que una compañera de oficina fallezca él tendrá la oportunidad de devolver la vida a un hombre preparado a morir). El guión, claro, no tiene más remedio que condensar los profundos diálogos interiores de los personajes, como admitió el actor/director, y se centra sobre todo en la intriga para llegar a la verdad.
Esta carrera donde el tiempo es señalado de forma tan obsesiva como en el ¨Atraco Perfecto¨ ¨kubrickiano¨ evoca un regusto de aventura clásica y deja un poso de denuncia amargo que remite al cine comprometido de Pollack, Rosenberg, Lumet o Frankenheimer. Steve corre, literalmente, y el espectador comparte su extenuación a la vez que su abatimiento; al otro lado Frank sufre su castigo, inocente acusado, por esa misma sociedad que se revuelca en el ansia de reconocimiento (el repelente Porterhouse), la indiferencia (la fiscal Nussbaum), la burla (los guardias de la prisión) o la fe ciega en el sistema judicial (Mann, jefe del periódico).
Pero Eastwood no duda en dejar al descubierto las debilidades y fallas de dicho sistema, así como la maldad de aquellos que profesan la religión y creen saber más del espíritu y la conciencia del ser humano de lo que realmente saben; Steve y Frank luchan mano a mano contra todo esto en realidades separadas, uno contrapartida del otro en lo que a esperanza y conciencia se refiere, pero ambos unidos por la muerte y la injusticia. Isaiah Washington, contenido y sirviéndose de las sutilezas, refleja de maravilla esta agonía interna, logrando además una perfecta química en pantalla con Lisa Gay Hamilton en la piel de su desesperada esposa.
El argumento recurre entonces a un ¨deus ex machina¨ que termine de atar los cabos y lo lleve todo a una conclusión satisfactoria: la abuela del auténtico criminal, a todas luces un comodín que se ha convertido, en sus múltiples formas, en un cliché de este tipo de intrigas. ¨True Crime¨ batalla sabiamente con la duda esencial del verdadero crimen y los equipara en el dilema de lo imperdonable (tan horrible es un asesinato a sangre fría como exigir la muerte de un inocente)...por desgracia Eastwood se abandona en última instancia a ese recurso inverosímil, cuando nada ni nadie puede correr contra el tiempo y la muerte, ni impedir que la película gire como las agujas del reloj dirigiéndose hacia su final programado.
¿O tal vez no es así? Un escenario navideño de inesperada calidez y dotado de una paleta de colores más intensa de la que ha estado ofreciendo la apagada fotografía de Jack Green pone en duda nuestro juicio e incluso nos sacude el inconsciente. Ambos protagonistas se saludan de un modo muy precavido...sin embargo nadie más participa en ese místico encuentro, una conclusión tan esperada que es la salvación de Frank es una vuelta de tuerca que pervierte el espíritu de Wilder o Capra, resultando tan amarga como complaciente por su indescifrable ambigüedad.
Pero lo cierto es que Santa Claus no existe, ni los milagros tampoco. El film, que cuenta con un pulso firme, un ritmo tenso y un buen elenco de secundarios como Diane Venora, Bernard Hill, Michael McKean, Hattie Winston, Marissa Ribisi y un James Woods perfecto para su papel de charlatán sin escrúpulos, naufraga en la taquilla como las anteriores propuestas de Eastwood.
Pero queda en buena posición entre sus dramas más personales y, por qué no, resulta terriblemente entretenida.
La historia está más que vista, pero se hace entretenida gracias a la interpretación de Eastwood, un periodista que bebe, fuma y se tira a las mujeres de sus compañeros de profesión, y cuyo humor te saca unas cuantas sonrisas. Una pena por el final, era tan predecible que creía que no iba a acabar así. Aún así es un agradable entretenimiento.
Película aceptable y nada más. La historia no se diferencia en nada de un capítulo de caso abierto y el final apesta por convencional. Clint hace su típico papel de investigador solitario y resulta lo más destacable gracias a su particular humor. Entretenida, pero admitamos que si esto lo hubiera dirigido otro no se le hubiese dado tanto bombo.
Críticas: 4
Humberto Garamendy
6
Debo decir que la trama no es novedad. El tema de la pena capital a un inocente, lo aborda una película de los años 60, con más realismo. No es una historia original como la milla verde, eso escapa de las manos del director, Clint Eastwood es un gran artista, director, actor, pero aquí, si está en sus manos el realismo, porque el actor se enfrenta a la muerte excesivamente pasivo, es inocente, es tranquilo, pero cuando lo amarran debía mostrar miedo, agitarse, luchar algo . Es una gran injusticia y está resignado después de 6 años. Clint, hace bien su papel,, pero es mucha fantasía que se detenga la ejecución cuando llega con retraso ebrio y perseguido por la policía el periodista a la casa del gobernador a medianoche y con una sra. Que atestigua sobre su hijo, el verdadero asesino. Solo con la explicación, se podia hacer de día. Menos dramático, más real, que un viernes luchará el periodista para que le acepten presentar una supuesta prueba, que no ha visto la fiscalía, por tecnicismo, son inadmisibles, pero por lo menos habría realismo, aunque el tiempo para la ejecución fuera el siguiente lunes a la medianoche..
En fin ese permanente debate si es justo, o no aplicar la pena de muerte, con el riesgo que sea inocente y no alcance el tiempo para demostrar lo contrario, lo abordo mejor la película de los 60, cuando llega el periodista con la carta del gobernador otorgando salvoconducto para que se retome el caso, y sucede que ya estaba ejecutado el hombre por electrocución.. creo que hay muchos casos en la vida real, y varios recientes, tal vez hasta libros.. es muy predecible la película y la salva un poco Clint con su humor... Pero por eso no sería muy taquillera, muy predecible y poco real, aunque en estos tiempos lo que se está viviendo en estos tiempos puede superar la fantasía, más que todo en la crueldad y en los errores en la justicia que a veces parece favorecer a los verdaderos culpables.
Me gusta (0) Reportar