Tras los grandes largometrajes históricos, los líricos melodramas, y algún film más aventurero en la línea de “Flor De Amor” (1920), este maestro, creador del lenguaje cinematográfico según los cánones, acabó recalando en la burda comedieta chaplinesca… subgénero inmundo del que tal vez sea esta cosa su más claro exponente. El siempre agradecido mundo del circo se diluye a los pocos minutos de metraje en una sucesión de gags imbéciles, estereotipos mil veces soportados, y, entre bostezo y bostezo, - ¡ casi dos horas ¡ -, a un cantadísimo final feliz. El afán investigador y su distinguida procedencia apenas justifican el visionado.
Pedro Otero Serrano
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Tras los grandes largometrajes históricos, los líricos melodramas, y algún film más aventurero en la línea de “Flor De Amor” (1920), este maestro, creador del lenguaje cinematográfico según los cánones, acabó recalando en la burda comedieta chaplinesca… subgénero inmundo del que tal vez sea esta cosa su más claro exponente. El siempre agradecido mundo del circo se diluye a los pocos minutos de metraje en una sucesión de gags imbéciles, estereotipos mil veces soportados, y, entre bostezo y bostezo, - ¡ casi dos horas ¡ -, a un cantadísimo final feliz. El afán investigador y su distinguida procedencia apenas justifican el visionado.
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