Fritz Lang volvía a Europa tras una espectacular carrera en EE.UU., y decidió hacerlo a lo grande, volviendo a sus orígenes en el cine de aventuras con un remake de una película de 1921 (que aimismo ya había gozado de un remake en 1938) escrita por su ex-esposa Thea Von Harbou en lo que fue una gran superproducción italo-franco-germana con reparto y equipo internacional. Un épico producto que tuvo que ser partido en dos películas. Esta es la segunda de ellas.
La excelente y precoz actriz estadounidense Debra Paget encabeza el reparto: con solo 26 años ya tenía a sus espaldas una dilatada carrera, aportando belleza y oficio. El suizo Paul Hubschmidt, recordado internacionalmente por portagonizar ¨El monstruo de tiempos remotos¨ como Paul Christian, es el protagonista masculino, un arquitecto con ganas de aventura: su experiencia en el cine de aventuras se hace notar. Sin embargo, aquí desaparece al inicio y no lo veremos en casi toda la película. Walter Reyer, austríaco, es el maharajá que pasó persona afable a un dictador egocéntrico y psicópata que ve traidores por todas partes, todo por su obsesión por Paget. Aquí, la conciencia empieza a pasarle factura, pero sigue siendo tan cruel que vienen ganas de que los conspiradores liderados por su hermano le den la del pulpo. Quien se luce de verdad en esta segunda entrega es el franco-siberiano Valéry Inkijinoff como un peligroso sacerdote integrista. A lo largo de la acción se pasea también el prestigioso actor luxemburgués René Deltgen como el intrigante hermano del maharajá, pero le falta carisma: parece un disco rayado y no resulta nada amenazador.
El guion sigue el modelo de los viejos seriales: montones de escenas de acción, ambientación exótica, argumento a veces rizando el rizo... A ratos resulta un guion bastante mediocre, estereotipado y carca, pero es natural viniendo de Von Harbou, y ni Lang ni el prestigioso Werner Jörg Lüddecke logran cambiar el rumbo. Sin embargo, al contrario que la primera parte, esta es acción prácticamente contínua: hay montones de persecuciones, correcalles y peleas.
Los exteriores se filmaron en la misma India. Muchos de ellos eran inéditos en el cine de ficción: parece que ni las productoras de Bollywood habían rodado allí. Los interiores son suntuosos (a destacar las habitaciones de palacios y unas catacumbas). En esta segunda parte, el vestuario de Paget se dispara, luciendo un modelo de lentejuelas espectacular que solo le tapa las partes pudientes. Da gusto ver a una mujer de su belleza mostrándose así. Se usa el color de manera magistral: esta película está hecha para lucir. Los FX, que son esencialmente marionetas que libran a Lang de usar dobles para las escenas con animales, son desiguales, combinando un decente tigre con una lamentable cobra. Además, la caracterización como hindú de Jochen Brockmann (y no Guido Celari como comento en la crítica de la primera parte) resulta particularmente ridícula vista hoy día.
Prometía el final de la primera parte que esta segunda sería mejor. Lo es, sin duda: muy movida y consistente, si bien es ¨más de lo mismo¨. En suma, la epopeya hindú de Fritz Lang me ha parecido un muy decente producto de aventuras que por desgracia parte de una mala base, pero Lang se divirtió haciéndolo, como lo hizo el reparto y el equipo, y si éstos se divierten, muchas veces lo hace también el público.
bigladiesman
7
Fritz Lang volvía a Europa tras una espectacular carrera en EE.UU., y decidió hacerlo a lo grande, volviendo a sus orígenes en el cine de aventuras con un remake de una película de 1921 (que aimismo ya había gozado de un remake en 1938) escrita por su ex-esposa Thea Von Harbou en lo que fue una gran superproducción italo-franco-germana con reparto y equipo internacional. Un épico producto que tuvo que ser partido en dos películas. Esta es la segunda de ellas.
La excelente y precoz actriz estadounidense Debra Paget encabeza el reparto: con solo 26 años ya tenía a sus espaldas una dilatada carrera, aportando belleza y oficio. El suizo Paul Hubschmidt, recordado internacionalmente por portagonizar ¨El monstruo de tiempos remotos¨ como Paul Christian, es el protagonista masculino, un arquitecto con ganas de aventura: su experiencia en el cine de aventuras se hace notar. Sin embargo, aquí desaparece al inicio y no lo veremos en casi toda la película. Walter Reyer, austríaco, es el maharajá que pasó persona afable a un dictador egocéntrico y psicópata que ve traidores por todas partes, todo por su obsesión por Paget. Aquí, la conciencia empieza a pasarle factura, pero sigue siendo tan cruel que vienen ganas de que los conspiradores liderados por su hermano le den la del pulpo. Quien se luce de verdad en esta segunda entrega es el franco-siberiano Valéry Inkijinoff como un peligroso sacerdote integrista. A lo largo de la acción se pasea también el prestigioso actor luxemburgués René Deltgen como el intrigante hermano del maharajá, pero le falta carisma: parece un disco rayado y no resulta nada amenazador.
El guion sigue el modelo de los viejos seriales: montones de escenas de acción, ambientación exótica, argumento a veces rizando el rizo... A ratos resulta un guion bastante mediocre, estereotipado y carca, pero es natural viniendo de Von Harbou, y ni Lang ni el prestigioso Werner Jörg Lüddecke logran cambiar el rumbo. Sin embargo, al contrario que la primera parte, esta es acción prácticamente contínua: hay montones de persecuciones, correcalles y peleas.
Los exteriores se filmaron en la misma India. Muchos de ellos eran inéditos en el cine de ficción: parece que ni las productoras de Bollywood habían rodado allí. Los interiores son suntuosos (a destacar las habitaciones de palacios y unas catacumbas). En esta segunda parte, el vestuario de Paget se dispara, luciendo un modelo de lentejuelas espectacular que solo le tapa las partes pudientes. Da gusto ver a una mujer de su belleza mostrándose así. Se usa el color de manera magistral: esta película está hecha para lucir. Los FX, que son esencialmente marionetas que libran a Lang de usar dobles para las escenas con animales, son desiguales, combinando un decente tigre con una lamentable cobra. Además, la caracterización como hindú de Jochen Brockmann (y no Guido Celari como comento en la crítica de la primera parte) resulta particularmente ridícula vista hoy día.
Prometía el final de la primera parte que esta segunda sería mejor. Lo es, sin duda: muy movida y consistente, si bien es ¨más de lo mismo¨. En suma, la epopeya hindú de Fritz Lang me ha parecido un muy decente producto de aventuras que por desgracia parte de una mala base, pero Lang se divirtió haciéndolo, como lo hizo el reparto y el equipo, y si éstos se divierten, muchas veces lo hace también el público.
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