Ficha Conspiración Criminal


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Críticas de Conspiración Criminal (1)




Mad Warrior

  • 17 Dec 2024

6



“Chéngshì Tèjǐng“ no es ninguna tontería. Estamos hablando de uno de los títulos clave del “thriller“ que emergió en tierras hongkonesas desde que John Woo hiciera Historia gracias a “A Better Tomorrow“.
De hecho la misma productora, Cinema City, iba a tomar parte en este proyecto organizado por el amasador de fortunas Tsui Hark a partir del guión que su prácticamente recién contratado empleado Kar-Seung (Gordon) Chan había escrito (o mejor dicho, a partir de las decenas de borradores que había estado escribiendo hasta obtener la satisfacción de su jefe...).

A primera vista no se trató de una producción sencilla. Nada es sencillo si de por medio anda metido Hark, pero consiguió varios éxitos de taquilla y le abrió las puertas a directores aún desconocidos, y eso era suficiente para los ejecutivos Kam-Hung Yip y Pak-Ming Wong. Se lo tenían que haber pensado mejor de todos modos; filmada por Yeung-Wah (Andrew) Kam al estilo guerrilla, tan típicamente hongkonés, en las calles de la capital, la película ya empieza haciendo gala de la que será su seña de identidad: la violencia. Waise Lee, efectivo villano donde los haya, se pasa al otro bando como el inspector Wong, quien detiene el robo y secuestro de un hombre al estilo de Harry Callahan: con su magnum.
No llevamos ni 5 minutos de película y ya hemos visto el primer tiroteo. En esta Hong Kong aún bajo dominio británico planea una atmósfera de mala ostia y cinismo doloroso; todo duele mucho, parece que esa era la intención de Hark, quien no pudo evitar reescribir una y otra vez el guión cuando le salía de las narices, incluso durante el mismo rodaje. La trama principal de Chan aún se conservaba: una guerra sin tregua entre policías y asesinos, entre el estoico Wong y su cuadrilla de intocables y unos traficantes de drogas con influencias políticas y dentro de la policía.

El motivo del enfrentamiento lo añadió Hark: la venganza por la muerte de un amigo, y es que la amistad y la lealtad son siempre temas esenciales aquí. Pero ésto y los personajes no toman partido en la película de manera creíble; absolutamente todo se mueve por la acción y por el uso de la violencia, la mayoría de veces llegando a unos niveles de brutalidad que la acercan más a la exageración del cómic que a algo mínimamente realista. La recopilación de cuerpos calcinados, desmembrados, aplastados, tiroteados, mutilados y atropellados es directamente proporcional a la presión que ejercen los policías contra los traficantes.
Esto asegura un ritmo trepidante, pero también confuso. Fuera quien fuese no estuvo muy al tanto de que entre las escenas de acción debía haber algo más. Y no. Hay intentos de construcción de personajes, pero acaban siendo peleles de la acción y la intriga, estereotipos indefinibles e intercambiables (el peor de todos es el policía cómico irritantemente encarnado por Matthew Wong, cuyas bromas sin gracia sólo sirven para relajar de cuando en cuando la tensión). También muy desaprovechado está el noviazgo de Wong, afectado por su duro trabajo.

Las mujeres aquí son añadidos sin mucho interés. Tsui-Han (Betty) Mak y Tsu-Hsien (Joey) Wang lucen muy hermosas en pantalla, pero la primera es reducida a simple motivación para que el protagonista salga a cazar a los malos aún más violentamente si cabe, y la segunda, peor todavía, es reducida a un papel cómico vergonzoso e innecesario. Eso falta por todas partes, todo el rato: desarrollar a los personajes, dejarles un minuto de respiro para hablar con tranquilidad; nunca nadie en esta película tiene una conversación que no sea un trillado estereotipo de relleno o no esté relacionada con el caso.
Ni tampoco por la otra parte. Chu Kong se vuelve un villano muy, muy villano, y éstos son particularmente insufribles en este cine, y así sucede con su chantajista y asesino Han. El caótico despropósito en que se transforma el argumento, predecible en su evolución, encuentra algún instante de verdadera tensión dramática gracias a la inclusión de Johnnie To, quien reemplazó a Kam cuando dejó de acatar las órdenes de Hark. La secuencia dentro del hueco del ascensor o el tiroteo entre policías en el callejón, bañado en luces de neón, muestran su inconfundible dirección hiperestilizada (el director de fotografía Wing-Hang Wong hace un gran trabajo); de poco sirvió, pues Hark terminó la película por cuenta propia...

El clímax se desbarranca en una serie de salvajes muertes, memorables sin duda. Ni Ringo Lam llegó a estos límites. La desconfianza y la opresión en aquella sociedad británico-asiática refuerzan este panorama de lúgubre incertidumbre y la obsesiva mirada hacia un lejano futuro en que Hong Kong volviera a ser parte de China (se anuncia como algo próximo y aún les quedaba una década...). Pero todo lo demás, incluidos los propios problemas de la producción, pesa demasiado.
Si Hark volvió a arrasar en taquilla fue por su apuesta “non-stop action“; no hay quien se aclare con las cosas que pasan aquí, pero se disfrutan, de una forma despiadada, con la cruel sonrisa de Kong. Por cierto, “nǎifěn“ (“奶粉“ en caracteres chinos) significa “leche en polvo“; quien haya visto la película lo entenderá.



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