“Stockholm Bloodbath“, dirigida por Mikael Håfström, es un filme de explotación histórica que intenta capturar la brutalidad de un evento del siglo XVI, pero a pesar de sus ambiciosos esfuerzos, se queda corto en su capacidad para enganchar emocionalmente. La trama sigue a Freja Eriksson (Alba August), una cazadora sorda, que se encuentra en medio de una guerra de venganza tras el ataque de un ejército danés a su familia. La historia tiene el potencial para ser épica, pero se ahoga en un mar de personajes y subtramas que no permiten que la historia se enfoque lo suficiente en lo que realmente importa. Freja y Anne, las protagonistas, se ven opacadas por la multitud de personajes y el exceso de detalles que no terminan de conectar con el espectador.
Uno de los mayores tropiezos de “Stockholm Bloodbath“ es el constante vaivén de tonos. La violencia explícita y las batallas épicas, que podrían haber sido el corazón de la película, se ven empañadas por intentos de humor que se sienten completamente fuera de lugar. Las bromas sobre el machismo de los personajes, como el rey Kristian II (Claes Bang), parecen más una distracción que un alivio. El humor intenta aliviar la pesadez, pero lo único que logra es crear una atmósfera errática. Es como si la cinta no pudiera decidir si quería ser una epopeya seria de venganza o una película de explotación con un toque de humor negro.
Sin embargo, el filme no está exento de virtudes. Las batallas, visualmente deslumbrantes, están llenas de sangre y acción, y aunque las decapitaciones y escenas de violencia se sienten como una constante, no dejan de ser fascinantes en su ejecución. Los vestuarios y la cinematografía también están a la altura, creando una atmósfera tan sombría como bellamente cruda. Pero, a pesar de su estilo, “Stockholm Bloodbath“ no logra mantener el interés en sus protagonistas, y la sobrecarga de tramas secundarias impide que conectemos con las emociones de Freja y Anne de manera profunda. Es un filme que promete sangre, acción y venganza, pero nunca llega a hervir como debería.
Cinemaniatico
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“Stockholm Bloodbath“, dirigida por Mikael Håfström, es un filme de explotación histórica que intenta capturar la brutalidad de un evento del siglo XVI, pero a pesar de sus ambiciosos esfuerzos, se queda corto en su capacidad para enganchar emocionalmente. La trama sigue a Freja Eriksson (Alba August), una cazadora sorda, que se encuentra en medio de una guerra de venganza tras el ataque de un ejército danés a su familia. La historia tiene el potencial para ser épica, pero se ahoga en un mar de personajes y subtramas que no permiten que la historia se enfoque lo suficiente en lo que realmente importa. Freja y Anne, las protagonistas, se ven opacadas por la multitud de personajes y el exceso de detalles que no terminan de conectar con el espectador.
Uno de los mayores tropiezos de “Stockholm Bloodbath“ es el constante vaivén de tonos. La violencia explícita y las batallas épicas, que podrían haber sido el corazón de la película, se ven empañadas por intentos de humor que se sienten completamente fuera de lugar. Las bromas sobre el machismo de los personajes, como el rey Kristian II (Claes Bang), parecen más una distracción que un alivio. El humor intenta aliviar la pesadez, pero lo único que logra es crear una atmósfera errática. Es como si la cinta no pudiera decidir si quería ser una epopeya seria de venganza o una película de explotación con un toque de humor negro.
Sin embargo, el filme no está exento de virtudes. Las batallas, visualmente deslumbrantes, están llenas de sangre y acción, y aunque las decapitaciones y escenas de violencia se sienten como una constante, no dejan de ser fascinantes en su ejecución. Los vestuarios y la cinematografía también están a la altura, creando una atmósfera tan sombría como bellamente cruda. Pero, a pesar de su estilo, “Stockholm Bloodbath“ no logra mantener el interés en sus protagonistas, y la sobrecarga de tramas secundarias impide que conectemos con las emociones de Freja y Anne de manera profunda. Es un filme que promete sangre, acción y venganza, pero nunca llega a hervir como debería.
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