Basada en una historia real, “Perdido en la Montaña“ (Lost on a Mountain in Maine) intenta equilibrar el relato de supervivencia de un niño atrapado en la montaña con una reflexión sobre la masculinidad heredada de generaciones pasadas. La cinta introduce a Donn (Luke David Blumm) y a su padre Donald (Paul Sparks), un hombre rígido y distante que ve la fortaleza como una obligación más que una virtud. Mientras Donn lucha por su vida en la naturaleza, la peli nos muestra cómo la familia afronta su ausencia, en especial su madre, Ruth (Caitlin FitzGerald), atrapada en un papel de sumisión silenciosa. El filme acierta al construir personajes que reflejan los conflictos emocionales de una época, pero tropieza al insistir en un tono excesivamente sentimental que suaviza los matices más duros de la historia.
El mayor problema es que su estructura narrativa recurre a testimonios de la vida real para reforzar el drama, pero en lugar de aumentar el impacto, interrumpe la inmersión y recalca lo que ya es evidente: un niño perdido en una tormenta es una situación angustiante por sí sola. En este sentido, la película se apoya demasiado en convenciones del género y se convierte en un drama predecible, más preocupado por arrancar lágrimas que por profundizar en la crudeza del relato. Aun así, lo que la mantiene a flote son las interpretaciones de Sparks y FitzGerald, quienes logran dotar de humanidad a sus personajes, mostrando que la verdadera transformación ocurre en quienes esperan y no solo en quien sobrevive.
Tasty
6
Basada en una historia real, “Perdido en la Montaña“ (Lost on a Mountain in Maine) intenta equilibrar el relato de supervivencia de un niño atrapado en la montaña con una reflexión sobre la masculinidad heredada de generaciones pasadas. La cinta introduce a Donn (Luke David Blumm) y a su padre Donald (Paul Sparks), un hombre rígido y distante que ve la fortaleza como una obligación más que una virtud. Mientras Donn lucha por su vida en la naturaleza, la peli nos muestra cómo la familia afronta su ausencia, en especial su madre, Ruth (Caitlin FitzGerald), atrapada en un papel de sumisión silenciosa. El filme acierta al construir personajes que reflejan los conflictos emocionales de una época, pero tropieza al insistir en un tono excesivamente sentimental que suaviza los matices más duros de la historia.
El mayor problema es que su estructura narrativa recurre a testimonios de la vida real para reforzar el drama, pero en lugar de aumentar el impacto, interrumpe la inmersión y recalca lo que ya es evidente: un niño perdido en una tormenta es una situación angustiante por sí sola. En este sentido, la película se apoya demasiado en convenciones del género y se convierte en un drama predecible, más preocupado por arrancar lágrimas que por profundizar en la crudeza del relato. Aun así, lo que la mantiene a flote son las interpretaciones de Sparks y FitzGerald, quienes logran dotar de humanidad a sus personajes, mostrando que la verdadera transformación ocurre en quienes esperan y no solo en quien sobrevive.
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