Ficha Lost Chapter of Snow


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Críticas de Lost Chapter of Snow (1)


Mad Warrior

  • 9 Jul 2024

3



Nieve densa, pero de algún modo ligera. Es una sensación agradable, casi de fantasía.
El parque Odori de Sapporo es el único lugar que la niña visita, es un lugar especial; vuelve a sentarse en un banco de la 3.ª calle del parque, esperando a reencontrarse con aquél que la rescató...

Esa niña es Asuka, singular heroína de una historia aún más singular. “Yuki no Dansho“ fue el primer esfuerzo en la escritura de Marumi Sasaki, quien ganó con él un concurso televisivo a la mejor novela en 1.975, siendo publicada poco después; ese fue el principio de una galardonada tetralogía que centró en su ciudad natal, Sapporo, y cuyas protagonistas eran chicas bien huérfanas o bien sacudidas por grandes traumas familiares, y que compartían hechos, personajes y lugares, cimentándose todo un universo literario de aventuras, dramas, misterios, romances y ricas experiencias vitales.
Shinji Somai, tras sorprender a todos con su feroz y simbólico tratado de la generación adolescente “Typhoon Club“, y enamorado de la obra de Sasaki, propuso una adaptación...sin embargo los productores Shogo Tomiyama y Kei Ijichi no sabían a qué iban a enfrentarse. Las dificultades de su trabajo previo no fueron nada en comparación, esta vez quiso superarse a sí mismo, y basta la primera escena de la película para poder creerlo; si el plano-secuencia es la seña de identidad de su cine aquí esto se eleva al paroxismo a lo largo de un inicio de 15 minutos sin un solo corte (y que en realidad abarca el primer capítulo del libro)

Fascinante “tour de force“ que aturde gracias a su imaginativa y elaboradísima puesta en escena, fruto de la perfecta química entre Somai y el director artístico Fumio Ogawa. La cámara surca el decorado más grande de los estudios Toho figurando el paisaje nevado de Sapporo donde la protagonista (Iori, en lugar de Asuka) conoce a Yuichi (Yuya en la novela); 15 minutos donde, al tener que cubrir una extensión narrativa tan grande, se rompe el espacio-tiempo mientras la cámara sigue el movimiento de los personajes, de esa niña huérfana y maltratada por la familia de un empresario despiadado (hay que hacer un esfuerzo para creer que esto pudiera pasar en una sociedad moderna) y del hombre que la rescata.
Conocemos a este oficinista que la acoge como su propia hija, a su amigo íntimo Daisuke, empleado del susodicho empresario, a la criada Kane (los dos últimos, Shiro y Toki en la novela), personajes que pivotarán alrededor de Iori y serán vitales durante su crecimiento. Los días, meses y estaciones discurren con tal delicadeza en el mismo escenario que ni lo perciben nuestros ojos, hasta el impactante momento en que abandona el hogar al enterarse de la existencia de la prometida de su padre adoptivo; nunca Somai, en toda su carrera, estuvo tan cerca de la perfección como en este prólogo magistral...

Entonces la magia termina y todo cambia con una elipsis de una década, primero de los muchos errores que este guión irá cometiendo, pues se salta las fases de infancia y preadolescencia de la protagonista que con tanta paciencia trataba Sasaki. Asuka era un personaje complicado tal y como ésta la modelaba, pero en las páginas teníamos tiempo para conocerla, para acostumbrarnos a su desagradable terquedad, a la forma en que encerraba sus sentimientos y tanto esfuerzo necesitaba para expresarlas; su análoga cinematográfica, Iori, aparece de repente en pantalla.
La interpreta Yuki Saito, entonces una jovencita casi recién iniciada en la industria que había debutado como la heroína de la popular serie “Sukeban Deka“ (sólo para ser reemplazada poco después por Yoko Minamino...), y que no tenía ni idea de lo que iba a soportar al ponerse en las garras de Somai, con quien la pobre tuvo su bautismo de fuego en el cine. Se mete a conciencia en la piel de la difícil protagonista y de manera natural registra su crecimiento emocional; igual que el director hacía en el rodaje la cámara observa casi siempre a la actriz desde la lejanía, sin mucho uso de primeros planos, pero se centra en ella antes que en cualquier otro personaje.

El guión, que no tiene más remedio que reducir las más de 400 páginas de la historia original, eliminando, mezclando o cambiando ciertos pasajes, podría dividirse en dos largos actos con un prólogo y un epílogo; el problema es que Yozo Tanaka, pese a su buena química con Somai, no da una lógica al conjunto y se va desmoronando en el sinsentido conforme avanzan los hechos.
El 1.er acto involucra el reencuentro entre Iori y la hija del hombre que la adoptó en primer lugar, Hiroko (Seiko en la novela); reencuentro incomprensible por el modo en que ésta la acosa y desprecia y sin embargo lo encara pasivamente, incluso aceptando una invitación a una fiesta que organiza en su casa con otros amigos.

Lo importante de esta parte es el envenenamiento de Hiroko durante la fiesta y cómo todas las sospechas recaen sobre Iori simplemente por su rencor y odio pasado. Aunque el papel de la primera era mucho más extenso en las páginas, la autora, por desgracia, no usaba el crimen como motor de la trama, sino que parecía servir de catalizador a la protagonista para afrontar el paso a la madurez, un instante de transición, un incidente que la volvía a sacar de su inocencia y revelaba de nuevo el lado más horrible de la vida y las personas; pero mucho menos ingenioso es la manera en que esto se plasma en pantalla...
Para empezar ninguno de los secundarios parece realmente importante aunque su presencia influye en Iori. Yuichi es un padre por el que empieza a tener sentimientos más profundos pero sus escenas compartidas se cuentan con los dedos de una mano, y su prometida, Keiko, llega para irse, igual que Hiroko; Kane y Daisuke son menos que un cero a la izquierda. La intriga es una ausencia, a pesar de ese detective inútil que de cuando en cuando sale de una esquina para acosar un poco a Iori y volver a irse; la extrañeza que Tanaka da al guión remata esta incoherencia.

La trama se pierde en desvaríos como Iori se pierde en la paranoia alimentada por las acusaciones y en lugares indescriptibles que tal vez pertenezcan sólo a su imaginación, a su mundo interior; el desarrollo del personaje sólo produce una insatisfactoria sensación de confusión. El 2.º acto deja a Yuichi a un lado para tratar la relación de Iori y Daisuke, quien de pintar nada en la película pasa de repente a postularse como su nuevo padre adoptivo o incluso su amante, esto nunca queda claro; de nuevo el comportamiento y las decisiones de los protagonistas (de Yuichi aún más) son ininteligibles y por tanto resulta imposible empatizar con ellos.
Y el gran problema es cómo Tanaka enfoca el texto original y se queda quizás con lo peor de él, sin resolver numerosas subtramas ni prestar atención a los numerosos individuos que las pueblan; por otra parte su estilo, que tanto se mueve hacia lo onírico, lo poético, lo fantástico y lo simbólico (si algo lo ejemplifica son sus guiones para Seijun Suzuki), contrasta demasiado con el del director, cuya técnica naturalista se basa en desnudar la realidad y presentarla dura, directa y despiadadamente a sus personajes. Y contrasta de tal forma que acaba desequilibrándose sin remedio...

La historia de “Yuki no Dansho“ requiere adaptarse con un nivel de poesía, melodramatismo y romanticismo del cual Somai, amigo del áspero pesimismo, carece por completo; quizás Obayashi habría sido el más indicado para esta tarea.
Desgraciadamente queda un poso de indiferencia y apatía, de confusión, ante lo que se supone deberíamos sentir por el suicidio de Daisuke, que cierra a modo de epílogo esta tragedia tan poco concluyente como la novela en que se basa.

Saito fue víctima del miedo y el agobio constante que le provocaba la estricta dirección de Somai, hasta el punto de querer abandonar el rodaje continuamente; esta presión y dureza que transmite a Iori elimina lo que debería haber permanecido en ella: inocencia y amabilidad (aunque fuese contrario a como ya concibió Sasaki a la protagonista).
La película, por mucho que su puesta en escena sea poderosa y fascinante, captura el drama de un modo extraño, apático e indiferente, no muestra una evolución clara a pesar de las incontables fatalidades que surgen alrededor de Iori. Nada se aprovecha, nada está en su lugar, una lástima porque el reparto está lleno de grandes actores (qué desperdicio de Momoko Kawachi, Kiminori Sera y Kyoko Fujimoto...). Sólo la magnética personalidad de la joven heroína y ese monumental inicio son dignos de mención.



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