Ficha The Tragedy of W


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Críticas de The Tragedy of W (1)




Mad Warrior

  • 3 Jul 2024

6



Es curioso a pesar de llevar el mismo título, pero “ “W“ no Higeki“ en absoluto trata del teatro, fue una popular novela de misterio publicada en 1.982 que llegó a convertirse en uno de los mejores trabajados de su autora, Shizuko Natsuki, maestra del género. En ella una familia adinerada, los Watsuji, que pasan sus vacaciones de Año Nuevo en una de sus villas privadas, son sorprendidos por la hija y futura heredera Mako al declarar que ha asesinado a su abuelo con un puñal; este escenario sería utilizado de una manera muy especial por el productor Haruki Kadokawa, quien pensó que Hiroko Yakushimaru sería perfecta para el papel protagonista. Y acertó.

Aunque la idea vino de Shinichiro Sawai, guionista que había debutado en la dirección poco antes y decidió presentar la trama de la novela en una obra de teatro dentro de otra historia en lugar de hacer una adaptación convencional, una original propuesta que encantó a la autora. Yakushimaru, líder en la taquilla nipona, estaba sin embargo agotada con las difíciles producciones que le asignaba Kadokawa y con la vida de celebridad que había elegido, así que tuvo que emplearse a fondo para convertirse en Shizuka, el personaje más diametralmente opuesto que había encarnado.
Sobre todo porque lo que ésta ansía es, curiosamente, de lo que quería desprenderse la actriz: de esa vida de fama, éxito y gloria, pero por una vía a la que Yakushimaru no había entrado, el teatro. La escena que inicia la película no es demasiado agradable; la joven Shizuka se levanta temprano de la cama de Godai, el actor principal del grupo teatral en el que está inscrita. No tardamos en empaparnos de su ansia por convertirse en gran estrella, ya que lo escenifica para nosotros en un anfiteatro al aire libre; pero al aplaudirle un chico que la observaba de lejos (Akio) reacciona molesta...

Personaje bastante inaccesible, que se mueve en la inseguridad, con una conducta infantil, a menudo manipuladora, y que siente un profundo desprecio por su físico (Yakushimaru usa mucho de sí misma para dar forma a esta versión torcida suya). La obra de teatro basada en la novela de Natsuki es la oportunidad con la que siempre había soñado, de hecho el guión, escrito a medias entre Sawai y Haruhiko Arai, no escatima en mostrar la peligrosa ambición de esos aspirantes a actores, conscientes del tan competitivo mundo del que han decidido formar parte.
Particularmente incómodo que una compañera de Shizuka, que está embarazada, afirme ser capaz de abortar si eso la ayuda a ser elegida como protagonista. Menudo nido de víboras el del teatro (aunque la posterior rectificación de dicho momento quita cinismo al discurso inicial). Un personaje que ayuda a la anterior a volver un poco a la realidad es el mencionado Akio, joven vendedor de propiedades que también pasó por una época de actor teatral que quiere olvidar; la trama se centra durante un tiempo en el bonito (y absolutamente improbable) romance de éstos y en las posibilidades de Shizuka de interpretar a Mako Watsuji...

Entonces nos adelantamos al esperado día del estreno, sin embargo Shizuka no está sobre el escenario, sino tras él, sujetando el guión; un momento que pierde fuerza ya que antes hemos tenido la mala suerte de ver cómo una compañera, Kaori, era elegida para el papel estrella. No será, de hecho, la única mala decisión que tome el argumento...
Cuando vemos cómo Shizuka es relegada a un personaje insignificante ya se empiezan a intuir las cosas más terribles...por desgracia no ocurren, ya que ella no es mala persona. Arai y Sawai se vieron restringidos para no dañar la imagen de Yakushimaru de cara a sus fans, por eso el papel de la villana pasa a manos de otra.

Hay que reconocer que, de todos los desvíos y giros que podría haber tomado la trama es escogido el más increíble, tanto más por lo tarde que sucede (ya ha pasado casi una hora de metraje): una suerte de revisión de “All about Eve“ pero dando la vuelta a los personajes y su situación. Aquí Hatori, versión malvada de Margo, involucra a Shizuka en la muerte de un importante empresario que además de ayudarla en su carrera de actriz ha estado manteniendo relaciones con ella durante años; la gran oportunidad que pierde el guión es dar a la inocente aspirante la idea de aprovecharse de esa muerte que podría derivar en un tremendo escándalo.
Esto no sucede. Ella no es la Eve de Mankiewicz, y todo lo que hace es dejarse manipular por Hatori (Yoshiko Mita saca a relucir su lado más aterrador), que la arrastra contra su voluntad a un retorcido plan para salir airosa; Shizuka, además, es tan inocente que cree que todo este embrollo es casi como una obra de teatro soñada donde poder ejercer el papel de la heroína trágica, pero el personaje de Hiroko debería ser mucho más malicioso. Para colmo los productores recortaron una enorme cantidad de escenas que profundizaban en las consecuencias del escándalo del cual Shizuka asume la culpabilidad.

No se pierde del todo, pero gracias a todos aquellos momentos la sobria y elegante dirección de Sawai contrastaba mejor con la asfixiante situación que acorrala a la protagonista (su paranoia era mucho más pronunciada, igual que el dolor de algunos personajes secundarios ausentes en el corte final). Y aunque resulta ingenioso que las tragedias que los personajes viven en la obra encuentren su reflejo torcido en la realidad (un cliché de este tipo de dramas) no lo es el modo en que el guión se deshace de Kaori y convierte a Shizuka en la estrella de “ “W“ no Higeki“.
Y la razón es que sigue siendo la misma. Simplemente se deja embaucar por la miel que le colocan en los labios, pero en ningún momento saca beneficio de esta oportunidad ni de su reciente gran éxito. Akio, por su parte, pierde fuerza, la trama también se va olvidando poco a poco de él; así pasa con Godai, cuya triple relación con Shizuka, Hatori y Kaori (otra de las cosas que se eliminaron del montaje original) está desaprovechadísima. Para rematar, la resolución de la intriga se pierde en más oportunidades desperdiciadas y situaciones imposibles de tomar en serio.

Con respecto a lo primero, porque uno siempre está esperando a que la tonta de Shizuka se haga con las riendas y planee alguna venganza contra Hatori. Con respecto a lo segundo, porque durante toda la 2.ª mitad de la historia también esperamos a que Kaori vuelva y descargue su ira contra Shizuka; sí, ésto sucede, pero de una forma absurda y excesivamente (e irónicamente) teatral, frente a un puñado de periodistas en la calle que se quedan congelados observando el espectáculo.
Y para terminar aquélla revela la verdad del escándalo que la hizo perder su papel sin que sepamos cómo demonios se ha enterado (en el montaje original todo esto tenía más sentido pues se mostraba su relación con Godai, a quien la propia Hatori contaba su plan como si nada...). De no ser por todos esos inmisericordes tijeretazos de edición la estructura narrativa, su desarrollo y las decisiones de los personajes se podrían comprender mejor.

No deja de ser una reflexión amarga sobre ese mundo desconocido de las artes y la actuación cuyos ponzoñosos secretos siempre permanecerán ocultos, y el productor jugó bien sus cartas al no permitir un típico “happy ending“, que es lo que pretendía el director. En un plano desolador, ya pasada la tormenta del escándalo (muy rápidamente, por cierto), Shizuka es incapaz de alcanzar el póster de la obra, pegado en el techo, incapaz de alcanzarse a sí misma, a su imagen de estrella, ahora que vuelve a ser la ordinaria aspirante...sin embargo está claro que en el futuro podrá convertirse en otra Hatori, todo sea por la fama.
Yakushimaru, que vivió un duro rodaje debido a las exigencias del personaje, su dificultad para interpretar teatro y la estricta dirección de Sawai, unido a la insatisfacción con su propia actuación tras ver la película, la dejaron agotada física y mentalmente hasta el punto de querer abandonar para siempre su carrera. No así su madurez como actriz la alcanzó aquí, despojándose por fin de la etiqueta de “idol“ que llevaba soportando tanto tiempo...



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