Por la pendiente hacia el gran santuario Hyuga-daijingu de Kyoto suben las cuatro. Aya, Akane, Anzu y Ai. Al mismo paso. Están dispuestas a compartir para siempre sus vidas...
a pesar de los muchos avatares que les esperan.
Dentro de las obras más representativas de Nobuhiko Obayashi en la década de los “80, “Shimai-zaka“ ha quedado enterrada en el olvido incluso en Japón, a pesar del tremendo éxito de taquilla que generó durante su estreno, comprensible entonces ya que se basaba en el manga homónimo de la autora Kazue Oyama, una obra maestra del drama romántico que conmovió a millones de jóvenes (chicas en especial) desde su aparición en Petit Seven en 1.979. Ya había finalizado la publicación cuando en Toho asignaron a aquél realizar una adaptación, la cual acabó retrasándose unos meses, tiempo que le sirvió para filmar su eternamente pospuesto proyecto “Lonely Heart“, de donde se traería a la debutante Yasuko Tomita.
“Shimai-zaka“, por su parte, comienza como la mayoría de sus obras sobre la juventud: con la declaración a Anzu, bastante increíble y estúpida, de dos populares chicos de su instituto, Ryo y Togo. Y quien no esté acostumbrado al cine del director le resultará difícil superar la abrumadora carga melodramática que pesa sobre esta película, que traslada el estilo y el imaginario de Oyama literalmente en pantalla; el guión, sin embargo, se esmera por cubrir toda la historia del manga, pero muchos personajes y situaciones se acortan, cambian o eliminan inevitablemente.
En lugar de eso la trama se divide en dos partes junto a un epílogo. La 1.ª se centra en la tercera hermana, Anzu, empezando por esa declaración de amor que la mantendrá en vilo durante bastante tiempo; romance estudiantil tratado con una inclinación a lo puramente sentimental (demasiado chirriante incluso para ser de Obayashi). Pero es otra cosa la que marca el curso de la trama: el descubrimiento de que las protagonistas no comparten lazos sanguíneos, y esta importante revelación, que debería haberse ocultado hasta el final, ya la sabemos a poco más de un cuarto de hora...
Y de no existir el personaje de Togo nunca había sucedido, así que llegar a ella parece algo bastante rebuscado. La aparición de la madre biológica de Anzu es el otro gran incidente de esta primera mitad y lo que pone en peligro el inquebrantable núcleo de las hermanas; lo que no funciona, y demuestra que hubiese sido más adecuado adaptar el manga a serie televisiva, es el uso continuo de las elipsis, elipsis en su mayoría narradas con intención evocadora que sólo entorpecen el desarrollo argumental y resuelven situaciones (el romance entre Ryo y Akane, por ejemplo, o las diversas experiencias por las que pasa Anzu) de manera precipitada.
Tampoco es una buena idea dejar siempre en un segundo plano a las interesantes Aya, la hermana mayor que lucha por sostener a la ya rota familia, y Ai, quien queda desgarrada tras saber de su abandono y adopción (a la joven Tomita no le es difícil ponerse por encima de sus más maduras colegas de reparto gracias a su brillante actuación). Mucho más interesantes ellas que Akane, un extraño personaje muy débil en el fondo pero que disfruta creyéndose Meiko Kaji, además de manipular a los demás según sus propias ideas y ser la principal culpable de destruir la relación entre las hermanas.
Este personaje, del cual uno ya no querría volver a oír hablar, se hace con el protagonismo, por desgracia, de la siguiente 2.ª parte, donde se profundiza en su enfermedad, que ya habíamos averiguado mucho antes, y en su convulsa relación con Ryo. El problema sigue persistiendo a nivel narrativo: a la vuelta de Anzu a Kyoto tras enterarse de la trágica noticia deducimos que han transcurrido varios años, pero esto, al contarse mediante abruptas elipsis, deja unos vacíos algo confusos en la trama; para rematar Obayashi se va esmerando con tediosa persistencia en subrayar, y quizás más que nunca en toda su carrera, el tono melodramático que poseía el manga original.
Lo que era trágico se vuelve más trágico, lo que era sentimental se vuelve empalagoso, y lo que era una película ha ido evolucionando hasta convertirse en una telenovela; para reforzar esto los personajes irán disminuyendo sus tonos de voz hasta casi hablar en susurros mientras todas las escenas son acompañadas por conmovedoras melodías de fondo. Desarrollar a Akane en el contexto en el que se desarrolla, aun dejando atrás a las demás, puede ser un acierto para comprenderla, pero soportar los extremos dramáticos a los que nos somete la película es todo un desafío.
Como también lo es que se reduzca el papel de Anzu hasta ser una secundaria, que desfilen por la pantalla numerosos personajes que tenían más importancia en el manga (los padres de Togo, el doctor Iwaki...) pero aquí sólo aparecen unos minutos para no volver más, que en tan poco tiempo se acumulen tal cantidad de situaciones y que se nos proponga ese epílogo ya totalmente centrado en Ryo y Akane y que hace dudar al espectador sobre si sigue viendo la misma película desde el principio. Si en “Lonely Heart“ el tono sentimental parecía desequilibrado al mezclarse con elementos cómicos, aquí Obayashi elimina por completo todo rastro de humor y se mantiene en una línea constante.
Constante y excesiva hasta el final. El mayor error, de todas formas, sigue estando en el guión y su evolución, en no permitir más espacio a Aya y Ai, en los enormes saltos temporales, en centrarse en Akane, quien en mi opinión es con la que menos se simpatiza...
Fallos que no impidieron a Toho embolsarse cifras millonarias. Uno de los mayores motivos: ver juntas a las cuatro jóvenes estrellas del momento Misako Konno, Atsuko Asano, Yasuko Sawaguchi y la mencionada Tomita en papeles tan maduros y complejos. En su momento fue incluso considerada la película que definió el género del drama juvenil en los años “80 en Japón.
Mad Warrior
6
Por la pendiente hacia el gran santuario Hyuga-daijingu de Kyoto suben las cuatro. Aya, Akane, Anzu y Ai. Al mismo paso. Están dispuestas a compartir para siempre sus vidas...
a pesar de los muchos avatares que les esperan.
Dentro de las obras más representativas de Nobuhiko Obayashi en la década de los “80, “Shimai-zaka“ ha quedado enterrada en el olvido incluso en Japón, a pesar del tremendo éxito de taquilla que generó durante su estreno, comprensible entonces ya que se basaba en el manga homónimo de la autora Kazue Oyama, una obra maestra del drama romántico que conmovió a millones de jóvenes (chicas en especial) desde su aparición en Petit Seven en 1.979. Ya había finalizado la publicación cuando en Toho asignaron a aquél realizar una adaptación, la cual acabó retrasándose unos meses, tiempo que le sirvió para filmar su eternamente pospuesto proyecto “Lonely Heart“, de donde se traería a la debutante Yasuko Tomita.
“Shimai-zaka“, por su parte, comienza como la mayoría de sus obras sobre la juventud: con la declaración a Anzu, bastante increíble y estúpida, de dos populares chicos de su instituto, Ryo y Togo. Y quien no esté acostumbrado al cine del director le resultará difícil superar la abrumadora carga melodramática que pesa sobre esta película, que traslada el estilo y el imaginario de Oyama literalmente en pantalla; el guión, sin embargo, se esmera por cubrir toda la historia del manga, pero muchos personajes y situaciones se acortan, cambian o eliminan inevitablemente.
En lugar de eso la trama se divide en dos partes junto a un epílogo. La 1.ª se centra en la tercera hermana, Anzu, empezando por esa declaración de amor que la mantendrá en vilo durante bastante tiempo; romance estudiantil tratado con una inclinación a lo puramente sentimental (demasiado chirriante incluso para ser de Obayashi). Pero es otra cosa la que marca el curso de la trama: el descubrimiento de que las protagonistas no comparten lazos sanguíneos, y esta importante revelación, que debería haberse ocultado hasta el final, ya la sabemos a poco más de un cuarto de hora...
Y de no existir el personaje de Togo nunca había sucedido, así que llegar a ella parece algo bastante rebuscado. La aparición de la madre biológica de Anzu es el otro gran incidente de esta primera mitad y lo que pone en peligro el inquebrantable núcleo de las hermanas; lo que no funciona, y demuestra que hubiese sido más adecuado adaptar el manga a serie televisiva, es el uso continuo de las elipsis, elipsis en su mayoría narradas con intención evocadora que sólo entorpecen el desarrollo argumental y resuelven situaciones (el romance entre Ryo y Akane, por ejemplo, o las diversas experiencias por las que pasa Anzu) de manera precipitada.
Tampoco es una buena idea dejar siempre en un segundo plano a las interesantes Aya, la hermana mayor que lucha por sostener a la ya rota familia, y Ai, quien queda desgarrada tras saber de su abandono y adopción (a la joven Tomita no le es difícil ponerse por encima de sus más maduras colegas de reparto gracias a su brillante actuación). Mucho más interesantes ellas que Akane, un extraño personaje muy débil en el fondo pero que disfruta creyéndose Meiko Kaji, además de manipular a los demás según sus propias ideas y ser la principal culpable de destruir la relación entre las hermanas.
Este personaje, del cual uno ya no querría volver a oír hablar, se hace con el protagonismo, por desgracia, de la siguiente 2.ª parte, donde se profundiza en su enfermedad, que ya habíamos averiguado mucho antes, y en su convulsa relación con Ryo. El problema sigue persistiendo a nivel narrativo: a la vuelta de Anzu a Kyoto tras enterarse de la trágica noticia deducimos que han transcurrido varios años, pero esto, al contarse mediante abruptas elipsis, deja unos vacíos algo confusos en la trama; para rematar Obayashi se va esmerando con tediosa persistencia en subrayar, y quizás más que nunca en toda su carrera, el tono melodramático que poseía el manga original.
Lo que era trágico se vuelve más trágico, lo que era sentimental se vuelve empalagoso, y lo que era una película ha ido evolucionando hasta convertirse en una telenovela; para reforzar esto los personajes irán disminuyendo sus tonos de voz hasta casi hablar en susurros mientras todas las escenas son acompañadas por conmovedoras melodías de fondo. Desarrollar a Akane en el contexto en el que se desarrolla, aun dejando atrás a las demás, puede ser un acierto para comprenderla, pero soportar los extremos dramáticos a los que nos somete la película es todo un desafío.
Como también lo es que se reduzca el papel de Anzu hasta ser una secundaria, que desfilen por la pantalla numerosos personajes que tenían más importancia en el manga (los padres de Togo, el doctor Iwaki...) pero aquí sólo aparecen unos minutos para no volver más, que en tan poco tiempo se acumulen tal cantidad de situaciones y que se nos proponga ese epílogo ya totalmente centrado en Ryo y Akane y que hace dudar al espectador sobre si sigue viendo la misma película desde el principio. Si en “Lonely Heart“ el tono sentimental parecía desequilibrado al mezclarse con elementos cómicos, aquí Obayashi elimina por completo todo rastro de humor y se mantiene en una línea constante.
Constante y excesiva hasta el final. El mayor error, de todas formas, sigue estando en el guión y su evolución, en no permitir más espacio a Aya y Ai, en los enormes saltos temporales, en centrarse en Akane, quien en mi opinión es con la que menos se simpatiza...
Fallos que no impidieron a Toho embolsarse cifras millonarias. Uno de los mayores motivos: ver juntas a las cuatro jóvenes estrellas del momento Misako Konno, Atsuko Asano, Yasuko Sawaguchi y la mencionada Tomita en papeles tan maduros y complejos. En su momento fue incluso considerada la película que definió el género del drama juvenil en los años “80 en Japón.
Me gusta (0) Reportar