“Solitud“ es la primera película de Ninna Pálmadóttir, un delicado estudio sobre un agricultor melancólico en busca de conexión humana mientras se reubica en Reikiavik. En su obra, Pálmadóttir nos presenta a Gunnar (Þröstur Leó Gunnarsson), un hombre mayor que ha pasado décadas en solitario, rodeado solo de sus animales. La película reflexiona sobre la urbanización de Islandia, la crisis de los refugiados y las complejidades emocionales de un país moderno que busca encontrar su camino, todo ello sin caer en los clichés que suelen acompañar este tipo de relatos. Con el guion de Rúnar Rúnarsson, la película mezcla una crítica sutil a los problemas contemporáneos con una sensación de optimismo.
Gunnar es un personaje que encarna el arquetipo del “hombre de la montaña“ tan recurrente en el cine islandés, pero su inocencia y pureza lo diferencian. Tras perder su granja por la construcción de una represa, decide mudarse a un barrio suburbano en Reikiavik, donde se encuentra con situaciones que reflejan su desconexión con el mundo moderno. La relación que desarrolla con Ari (Hermann Samúelsson), un niño solitario que atraviesa una difícil situación familiar, es una de las piezas centrales de la película. A lo largo de esta relación, Gunnar demuestra una bondad que, aunque tierna, también genera una extraña sensación de incomodidad.
A medida que la película avanza, las pequeñas aventuras cotidianas de Gunnar, que inicialmente parecen inocentes, se oscurecen. Su decisión de retirar una gran cantidad de dinero del banco para donarlo a un grupo activista refleja su desconcierto ante los problemas sociales actuales. Sin embargo, la creciente amistad con Ari, aunque encantadora en su simplicidad, también plantea dudas sobre las intenciones de Gunnar, lo que genera una tensión soterrada. Solitude es una obra introspectiva que, a pesar de algunos problemas de credibilidad en sus personajes, logra captar la esencia de un Islandia que se enfrenta a su propio futuro incierto.
LaMari
6
“Solitud“ es la primera película de Ninna Pálmadóttir, un delicado estudio sobre un agricultor melancólico en busca de conexión humana mientras se reubica en Reikiavik. En su obra, Pálmadóttir nos presenta a Gunnar (Þröstur Leó Gunnarsson), un hombre mayor que ha pasado décadas en solitario, rodeado solo de sus animales. La película reflexiona sobre la urbanización de Islandia, la crisis de los refugiados y las complejidades emocionales de un país moderno que busca encontrar su camino, todo ello sin caer en los clichés que suelen acompañar este tipo de relatos. Con el guion de Rúnar Rúnarsson, la película mezcla una crítica sutil a los problemas contemporáneos con una sensación de optimismo.
Gunnar es un personaje que encarna el arquetipo del “hombre de la montaña“ tan recurrente en el cine islandés, pero su inocencia y pureza lo diferencian. Tras perder su granja por la construcción de una represa, decide mudarse a un barrio suburbano en Reikiavik, donde se encuentra con situaciones que reflejan su desconexión con el mundo moderno. La relación que desarrolla con Ari (Hermann Samúelsson), un niño solitario que atraviesa una difícil situación familiar, es una de las piezas centrales de la película. A lo largo de esta relación, Gunnar demuestra una bondad que, aunque tierna, también genera una extraña sensación de incomodidad.
A medida que la película avanza, las pequeñas aventuras cotidianas de Gunnar, que inicialmente parecen inocentes, se oscurecen. Su decisión de retirar una gran cantidad de dinero del banco para donarlo a un grupo activista refleja su desconcierto ante los problemas sociales actuales. Sin embargo, la creciente amistad con Ari, aunque encantadora en su simplicidad, también plantea dudas sobre las intenciones de Gunnar, lo que genera una tensión soterrada. Solitude es una obra introspectiva que, a pesar de algunos problemas de credibilidad en sus personajes, logra captar la esencia de un Islandia que se enfrenta a su propio futuro incierto.
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