Volver a casa siempre es un lío, sobre todo cuando la distancia no ha sido solo física, sino también emocional. “Vida Adulta“ nos mete de lleno en esa incomodidad con Eric (Michael Cera), un tipo que regresa tras años sin ver a sus hermanas, Rachel (Hannah Gross) y Maggie (Sophia Lillis). Lo que debería ser un reencuentro entrañable se convierte en una danza torpe de reproches, silencios incómodos y canciones improvisadas que recuerdan tiempos mejores. Porque sí, estos hermanos tienen una forma peculiar de comunicarse: no hablan de lo que sienten, pero lo cantan, lo imitan con voces absurdas o lo disfrazan de broma. Y en ese punto la película encuentra su mayor acierto: mostrarnos cómo los lazos familiares pueden ser fuertes y frágiles al mismo tiempo.
El tono de la película es una mezcla entre lo entrañable y lo incómodo. Por un lado, hay momentos divertidos y hasta ridículos, como las canciones improvisadas o el momento en el que Cera se luce con una imitación de Marge Simpson. Por otro, hay una sensación constante de que aquí falta algo, de que estos personajes están rotos y no saben cómo arreglarse. Rachel carga con el peso de la familia y se nota en cada mirada cansada; Maggie, la más joven, aún intenta creer que todo puede volver a ser como antes. Y Eric… bueno, Eric está más preocupado por ganar partidas de póker que por enfrentarse a lo que dejó atrás.
“Vida Adulta“ es una película pequeña, sin grandes giros ni explosiones emocionales, pero sabe capturar ese sentimiento de volver a un sitio donde ya no encajas del todo. Es honesta, bien interpretada y tiene momentos bonitos, pero a veces se siente un poco fría, como si se guardara demasiado. No llega a emocionar del todo ni a conectar con la fuerza que podría. Aun así, es un retrato curioso y realista de las relaciones entre hermanos, de esos lazos que, por más tensos que estén, nunca se rompen del todo.
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Volver a casa siempre es un lío, sobre todo cuando la distancia no ha sido solo física, sino también emocional. “Vida Adulta“ nos mete de lleno en esa incomodidad con Eric (Michael Cera), un tipo que regresa tras años sin ver a sus hermanas, Rachel (Hannah Gross) y Maggie (Sophia Lillis). Lo que debería ser un reencuentro entrañable se convierte en una danza torpe de reproches, silencios incómodos y canciones improvisadas que recuerdan tiempos mejores. Porque sí, estos hermanos tienen una forma peculiar de comunicarse: no hablan de lo que sienten, pero lo cantan, lo imitan con voces absurdas o lo disfrazan de broma. Y en ese punto la película encuentra su mayor acierto: mostrarnos cómo los lazos familiares pueden ser fuertes y frágiles al mismo tiempo.
El tono de la película es una mezcla entre lo entrañable y lo incómodo. Por un lado, hay momentos divertidos y hasta ridículos, como las canciones improvisadas o el momento en el que Cera se luce con una imitación de Marge Simpson. Por otro, hay una sensación constante de que aquí falta algo, de que estos personajes están rotos y no saben cómo arreglarse. Rachel carga con el peso de la familia y se nota en cada mirada cansada; Maggie, la más joven, aún intenta creer que todo puede volver a ser como antes. Y Eric… bueno, Eric está más preocupado por ganar partidas de póker que por enfrentarse a lo que dejó atrás.
“Vida Adulta“ es una película pequeña, sin grandes giros ni explosiones emocionales, pero sabe capturar ese sentimiento de volver a un sitio donde ya no encajas del todo. Es honesta, bien interpretada y tiene momentos bonitos, pero a veces se siente un poco fría, como si se guardara demasiado. No llega a emocionar del todo ni a conectar con la fuerza que podría. Aun así, es un retrato curioso y realista de las relaciones entre hermanos, de esos lazos que, por más tensos que estén, nunca se rompen del todo.
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