Fancy Dance es una película que te llega al corazón, no por sus giros dramáticos ni por su mensaje obvio, sino por la forma en la que nos muestra lo que significa resistir en un mundo que, muchas veces, te da la espalda. La historia sigue a Jax (Lily Gladstone), una mujer Cayuga queer que, después de que su hermana desaparezca, se ve en la obligación de hacerse cargo de su sobrina, Roki (Isabel Deroy-Olson). Juntas, se embarcan en un viaje lleno de obstáculos, pero lo que realmente importa es lo que tienen entre ellas: un lazo inquebrantable, más fuerte que cualquier amenaza externa.
Lo que realmente atrapa de Fancy Dance es su enfoque real y sin adornos sobre la vida de estas mujeres. No vemos a Jax ni a su hermana como villanas ni como víctimas, sino como personas con sus luces y sombras, como tantas otras. La película nos habla de su lucha diaria por sobrevivir en un sistema que no les pone fácil nada, pero también de cómo se apoyan mutuamente, sin importar lo que digan los demás. El filme refleja la realidad de muchas comunidades nativas en Norteamérica sin caer en estereotipos, lo cual es algo que se agradece enormemente.
Lo mejor de la cinta es la relación entre Jax y Roki. A pesar de todo lo que les pasa, a pesar de los problemas con el sistema, con la ley, ellas siempre encuentran la manera de seguir juntas, de cuidarse. Las dos actrices logran transmitir esa conexión profunda y emocional de forma increíble, sobre todo en las escenas en las que hablan en su lengua natal, el Cayuga. En resumen, Fancy Dance es una película sencilla pero potente, que te hace reflexionar sobre lo que realmente importa: el amor, la familia y la resistencia ante un mundo que intenta borrar lo que eres.
AJPP
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Fancy Dance es una película que te llega al corazón, no por sus giros dramáticos ni por su mensaje obvio, sino por la forma en la que nos muestra lo que significa resistir en un mundo que, muchas veces, te da la espalda. La historia sigue a Jax (Lily Gladstone), una mujer Cayuga queer que, después de que su hermana desaparezca, se ve en la obligación de hacerse cargo de su sobrina, Roki (Isabel Deroy-Olson). Juntas, se embarcan en un viaje lleno de obstáculos, pero lo que realmente importa es lo que tienen entre ellas: un lazo inquebrantable, más fuerte que cualquier amenaza externa.
Lo que realmente atrapa de Fancy Dance es su enfoque real y sin adornos sobre la vida de estas mujeres. No vemos a Jax ni a su hermana como villanas ni como víctimas, sino como personas con sus luces y sombras, como tantas otras. La película nos habla de su lucha diaria por sobrevivir en un sistema que no les pone fácil nada, pero también de cómo se apoyan mutuamente, sin importar lo que digan los demás. El filme refleja la realidad de muchas comunidades nativas en Norteamérica sin caer en estereotipos, lo cual es algo que se agradece enormemente.
Lo mejor de la cinta es la relación entre Jax y Roki. A pesar de todo lo que les pasa, a pesar de los problemas con el sistema, con la ley, ellas siempre encuentran la manera de seguir juntas, de cuidarse. Las dos actrices logran transmitir esa conexión profunda y emocional de forma increíble, sobre todo en las escenas en las que hablan en su lengua natal, el Cayuga. En resumen, Fancy Dance es una película sencilla pero potente, que te hace reflexionar sobre lo que realmente importa: el amor, la familia y la resistencia ante un mundo que intenta borrar lo que eres.
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