Snack Shack te transporta directamente a esos veranos de los 90, donde la vida de los adolescentes giraba en torno a la piscina y las ocurrencias para salir adelante. La historia sigue a A.J. y Moose, dos amigos con sueños de hacerse ricos. Primero intentan vender cerveza casera, pero como era de esperar, no les sale bien. Después, se meten a trabajar en el kiosco de la piscina del barrio, pero todo se complica cuando ambos se enamoran de Brooke, la socorrista guay. Ahí es cuando la amistad se pone a prueba y las cosas se complican.
Lo genial de la película es cómo nos muestran a A.J. y Moose, dos chicos muy distintos pero que se entienden a la perfección. A.J. es el que siempre tiene miedo de meterse en líos, mientras que Moose es el que no piensa y actúa sin freno. Esa diferencia entre ellos es lo que más destaca en la peli y lo que nos hace reír mientras vemos cómo se manejan entre sus problemas. Y luego está Brooke, que no es la típica chica perfecta que todos persiguen. Es alguien real, con sus propias inseguridades y su historia, lo que le da un toque diferente.
La cinta no tiene miedo de mostrar a estos chicos tal y como son: imperfectos, rebeldes, con ganas de pasarlo bien y de cometer errores. Eso la hace más cercana y auténtica, como esos veranos locos que todos hemos vivido de jóvenes. Snack Shack tiene humor, momentos de reflexión y, sobre todo, un montón de alma.
MarcoPolo
7
Snack Shack te transporta directamente a esos veranos de los 90, donde la vida de los adolescentes giraba en torno a la piscina y las ocurrencias para salir adelante. La historia sigue a A.J. y Moose, dos amigos con sueños de hacerse ricos. Primero intentan vender cerveza casera, pero como era de esperar, no les sale bien. Después, se meten a trabajar en el kiosco de la piscina del barrio, pero todo se complica cuando ambos se enamoran de Brooke, la socorrista guay. Ahí es cuando la amistad se pone a prueba y las cosas se complican.
Lo genial de la película es cómo nos muestran a A.J. y Moose, dos chicos muy distintos pero que se entienden a la perfección. A.J. es el que siempre tiene miedo de meterse en líos, mientras que Moose es el que no piensa y actúa sin freno. Esa diferencia entre ellos es lo que más destaca en la peli y lo que nos hace reír mientras vemos cómo se manejan entre sus problemas. Y luego está Brooke, que no es la típica chica perfecta que todos persiguen. Es alguien real, con sus propias inseguridades y su historia, lo que le da un toque diferente.
La cinta no tiene miedo de mostrar a estos chicos tal y como son: imperfectos, rebeldes, con ganas de pasarlo bien y de cometer errores. Eso la hace más cercana y auténtica, como esos veranos locos que todos hemos vivido de jóvenes. Snack Shack tiene humor, momentos de reflexión y, sobre todo, un montón de alma.
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