“Tótem”, el segundo largometraje de Lila Avilés, es una obra íntima y profundamente humana que captura la esencia de una familia reunida en torno a la fragilidad de la vida. A lo largo de un solo día, la película nos sumerge en los preparativos de una celebración que, lejos de ser una fiesta típica, se siente como un último adiós para Tona, un joven artista que se enfrenta al final de su vida debido al cáncer. El enfoque de Avilés, que ya había demostrado en “La camarista” su habilidad para contar historias desde una perspectiva minuciosa, aquí se convierte en una danza de emociones contenidas y sutiles interacciones familiares.
El filme sigue principalmente a Sol, la hija pequeña de Tona, mientras navega entre las tensiones y los preparativos del evento, esperando poder ver a su padre. A través de su mirada inocente, Avilés explora cómo los niños perciben el dolor y la muerte de una manera menos consciente, pero no menos profunda. El elenco, liderado por la cautivadora actuación de Naima Senties como Sol, ofrece una interpretación cálida y auténtica, logrando que cada personaje se sienta familiar y entrañable, desde las tías preocupadas por los detalles de la fiesta hasta el abuelo con su electrolaringe, que aporta momentos de humor involuntario.
El equilibrio entre lo cotidiano y lo simbólico es lo que hace de “Tótem” una película conmovedora. Las dinámicas familiares, los rituales supersticiosos y la presencia constante de los animales como metáforas de vida y muerte crean una atmósfera cargada de emociones, pero sin caer en el sentimentalismo. Con toques de humor y sensibilidad, la cinta nos lleva hasta un clímax catártico cuando Tona finalmente aparece para regalar a su hija un retrato lleno de simbolismo y amor, cerrando con delicadeza este retrato de la vida, la muerte y todo lo que queda entre ambos extremos.
Cinemaniatico
7
“Tótem”, el segundo largometraje de Lila Avilés, es una obra íntima y profundamente humana que captura la esencia de una familia reunida en torno a la fragilidad de la vida. A lo largo de un solo día, la película nos sumerge en los preparativos de una celebración que, lejos de ser una fiesta típica, se siente como un último adiós para Tona, un joven artista que se enfrenta al final de su vida debido al cáncer. El enfoque de Avilés, que ya había demostrado en “La camarista” su habilidad para contar historias desde una perspectiva minuciosa, aquí se convierte en una danza de emociones contenidas y sutiles interacciones familiares.
El filme sigue principalmente a Sol, la hija pequeña de Tona, mientras navega entre las tensiones y los preparativos del evento, esperando poder ver a su padre. A través de su mirada inocente, Avilés explora cómo los niños perciben el dolor y la muerte de una manera menos consciente, pero no menos profunda. El elenco, liderado por la cautivadora actuación de Naima Senties como Sol, ofrece una interpretación cálida y auténtica, logrando que cada personaje se sienta familiar y entrañable, desde las tías preocupadas por los detalles de la fiesta hasta el abuelo con su electrolaringe, que aporta momentos de humor involuntario.
El equilibrio entre lo cotidiano y lo simbólico es lo que hace de “Tótem” una película conmovedora. Las dinámicas familiares, los rituales supersticiosos y la presencia constante de los animales como metáforas de vida y muerte crean una atmósfera cargada de emociones, pero sin caer en el sentimentalismo. Con toques de humor y sensibilidad, la cinta nos lleva hasta un clímax catártico cuando Tona finalmente aparece para regalar a su hija un retrato lleno de simbolismo y amor, cerrando con delicadeza este retrato de la vida, la muerte y todo lo que queda entre ambos extremos.
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