“Un Desastre Es para Siempre“, secuela de “Maravilloso Desastre“, no logra capturar la chispa de su predecesora, que a pesar de ser superficial y absurda, al menos conseguía arrancar algunas risas. Esta segunda parte sigue a Abby y Travis, que tras solo tres meses de relación ya están casados en Las Vegas, pero ahora huyen a México debido a un conflicto con un criminal del pasado. Aunque la trama parece prometer algo de emoción, el guion está lleno de momentos vacíos y forzados, con un humor que rara vez funciona y un desarrollo de personajes que resulta plano y predecible.
El ritmo apresurado de la película refleja la falta de profundidad del proyecto. Las situaciones cómicas se sienten más como gritos histéricos por atención que como momentos genuinamente divertidos, y escenas que podrían haber sido graciosas, como la pelea en una lucha libre mexicana, acaban sobrecargadas y estiradas innecesariamente. Las discusiones entre los protagonistas son banales y el drama se ve forzado, dejando una película sin alma ni dirección. Aunque algunos chistes ocasionales logran arrancar una sonrisa, no es suficiente para salvarla de su mediocre ejecución y estructura caótica.
abc
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“Un Desastre Es para Siempre“, secuela de “Maravilloso Desastre“, no logra capturar la chispa de su predecesora, que a pesar de ser superficial y absurda, al menos conseguía arrancar algunas risas. Esta segunda parte sigue a Abby y Travis, que tras solo tres meses de relación ya están casados en Las Vegas, pero ahora huyen a México debido a un conflicto con un criminal del pasado. Aunque la trama parece prometer algo de emoción, el guion está lleno de momentos vacíos y forzados, con un humor que rara vez funciona y un desarrollo de personajes que resulta plano y predecible.
El ritmo apresurado de la película refleja la falta de profundidad del proyecto. Las situaciones cómicas se sienten más como gritos histéricos por atención que como momentos genuinamente divertidos, y escenas que podrían haber sido graciosas, como la pelea en una lucha libre mexicana, acaban sobrecargadas y estiradas innecesariamente. Las discusiones entre los protagonistas son banales y el drama se ve forzado, dejando una película sin alma ni dirección. Aunque algunos chistes ocasionales logran arrancar una sonrisa, no es suficiente para salvarla de su mediocre ejecución y estructura caótica.
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